07:45. Marina viste abrigo y gorro, cierra la puerta con dos vueltas y antes de bajar los escalones se envuelve en una generosa bufanda. Enfila la cuesta despacio como si pulsara teclas con los tacones, lleva auriculares de los que hacen doble función en enero. Camina confiada, conocedora de los siguientes catorce minutos de su vida, de la distancia inmutable de su casa a la parada del autobús y la duración de la sección “EnterArte” del programa de radio matinal.

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07:46. Juanjo ordena la prensa, saca el expositor de coleccionables, la reconoce y sonríe -He identificado tus ojazos, lo único de ti que no tapa este frío ¡Buen día, Marina!- Ella se aparta la bufanda de la boca para lanzarle un beso descuidado.

Los primeros rayos de sol brotan detrás de los tejados, sus pupilas casi desaparecen y los párpados le tapian de golpe los ojos. Cruza el paso de peatones que hay frente a la pescadería, su mano le sirve de visera, escucha un golpe seco, se detiene, sus auriculares se silencian  en mitad del anuncio del taller de lunas. Marina repara en que no siente frío, se afloja la bufanda y continúa andando mientras tararea la pegadiza melodía del programa –titirititi… Quiere desprenderse de ella, saca el móvil y busca su lista de reproducción “PowerMorning”, comienza a sonar “De manera Urgente” de Robe Iniesta. 

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07:49. Como cada día, el R-5 blanco se detiene en la puerta de la guardería, la mujer más ligera del mundo baja del vehículo a su preciosa niña que regala sonrisas de colores, de esas que apuntalan las ganas de vivir de cualquiera. Marina le sonríe con los ojos y continúa caminando.

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07:53. Julián limpia despojos de otoño con un motor-mochila y un brazo soplador, Marina atraviesa a zancadas la revolución de hojas y polvo -buenos días, Juli cazafantasmas- le grita, y él le devuelve media sonrisa con un golpe de barbilla. Marina se siente extraña, intenta avanzar más deprisa sin éxito. Sigue sonando música en aleatorio, es turno para “El tiempo” de Chaouen. Se detiene, toma  aire, le cuesta caminar, el sol se ha ido y vuelve el frío. De pronto se ve a sí misma desde arriba con el bordillo por almohada, el movimiento de su diafragma se vuelve voluntario -inspirar, espirar- y no le obedece demasiado, se extinguen los últimos acordes de Chaouen.

– ¡Mierda! las 07:57 ¡el bus! -.

Suena una molesta sirena que taladra su calma y esconde la voz del siguiente tema de la lista. Se esfuerza en reanudar su ruta, sólo piensa en alcanzar el mejor momento de sus mañanas; disimula en la esquina para esperar a Pedro, en realidad no sabe cómo se llama, pero Pedro es nombre de hombre bueno. Nunca se saludan, pero se saben, se esperan y se miran una milésima de segundo todos los días, por los auriculares Marqueta susurra -If you want me, satisface me…- Vuelve la sirena y una voz masculina repite -Marina, ¿puedes oírme?-.

C/ HERMANOS VELASCO LÓPEZ-TORRELODONES (MADRID)

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