Mitzy, astrosa de tanto bregar por las calles, desde quien sabe cuándo, ahora se encontraba embarazada 

Ignoraba cuanto tiempo tenía, pero ya sentía los movimientos del pequeño ser moviéndose en sus entrañas. El crecimiento de su matriz gestante no era ostensible por su grado avanzado de desnutrición.  “Bambi” le apodaban sus amigos de correrías porque caminaba con pasos inseguros con sus flacas piernas, por el daño cerebral y orgánico que las drogas le habían ocasionado a lo largo de los años.

Esa noche estuvo por horas en la Avenida Reforma esperando. por si alguien con una urgencia erótica la ‘levantaba’. Pero nada. Ni siquiera los taxistas que eran de los más asiduos consumidores de prostitutas habían pasado por ahí. Ya desde hacía varios meses solo en ocasiones sus amigos se servían del famélico cuerpo, o la prestaban a otros viciosos a cambio de droga.

 Volteó a un lado y a otro de la avenida pero esta lucía desierta. Sacó un trozo de tela y lo mojó con el solvente que traía en un pequeño frasco entre sus ropas. Caminó hacia el Mercado de la Lagunilla, ahí estarían sus amigos y de seguro le pedirían compartir su droga. Pero no. No ésta vez. Cada día costaba más trabajo afanarse unos pesos para comprarla. A medio camino interrumpió su andar difícil al sentir un dolor punzante en el bajo vientre que la hizo recargarse en la pared. Ahí permaneció unos minutos inhalando la droga.

Poco a poco pudo llegar hasta un lugar entre las armazones de puestos de los comerciantes de la zona, en donde ella y un grupo de indigentes dormían sobre unos cartones. Ninguno de sus amigos estaba. Ella buscó el mejor sitio entre los montones de basura y se echó a dormir. Entre sueños sintió arreciar los movimientos del bebé y más dolor, pero en su estado de intoxicación, éste ya era tolerable y como estaba rendida de cansancio, inhaló nuevamente y paulatinamente se fue durmiendo.

 Los dueños del puesto bajo el cual se acurrucaba, la descubrieron ya entrada la mañana. La movieron para despertarla y descubrieron un gran charco de sangre que teñía sus pantalones, pero lo que terminó de sorprenderlos fue que “algo” se movía por debajo de la prenda de la mujer. Ella profería frases sin sentido, pero estaba tan drogada que no podía incorporarse, aunque lo intentaba. Se lo impidieron. Con ayuda de algunas mujeres que iban pasando por el lugar, lograron quitarle el pantalón y fue entonces que descubrieron al recién nacido unido aún a la mujer por el cordón umbilical. Era un ser famélico, muy pequeño, cuya piel transparentaba los vasos sanguíneos. El pecho se sacudía con los latidos del corazoncito y el abdomen se retraía con cada respiración.

No emitía ningún sonido, solo se sacudía en espasmos. Todo su cuerpo tenía un tinte violáceo. Los presentes se conmovieron por esta criatura y buscaron ayuda. Una patrulla que iba pasando por el lugar, después de constatar el hecho, pidió la ambulancia.

 

 

 

 

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