Querida prima,
Debería haberme despedido, pero temía no tener fuerzas para marcharme. No quedaba otra desde que tus padres dieron tu mano, y a Pancracio ¡nada menos!
Esto es más duro de lo que pensaba: me cuesta entenderme, paso mucho frío y a veces hambre. Ayer se me rompió el guardapolvo. Mándame dinero.
Te quiere siempre,
Tu primo Rodolfo
Nueva York, 28 de enero de 1930
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