Un simple pan.
Todavía dolía el corazón. Solo habían pasado unos días desde que mi amada abuela Lucia partió. Todavía la recuerdo tan vívidamente, casi como si la estuviera viendo en este preciso momento, en la cocina con su delantal blanco por la harina, sus dulces manos tan débiles y fuertes a la vez amasando con tanto ímpetu...