Arturo Capllonch celebraba su cumpleaños todos los días como de costumbre.
Tenía un pastel, un cuchillo y una silla en la cual se sentaba para cortar un trozo de pastel, servirserlo y comérselo.
Desafortunadamente, lo celebraba sólo, y en ese fatídico y diario cumpleaños, Arturo falleció, no por causas naturales, sino de pena.
Cuánto cuento cuántico
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