Delirio sobre huevos y otros asuntos.

Delirio sobre huevos y otros asuntos.

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Nadie podría decir  que fuera un tipo desinteresado o frívolo. Jacobo Locatelli podría ser cualquier cosa menos eso.

Nacido en una familia judeo italiana lo dejaba fuera de los parámetros para pertenecer a los judíos azquenasi provenientes de Europa del Este o a los sefardíes de la península Ibérica. Pero no dejaba de ser una carta de presentación que hubiera querido poseer.

No le pesaba demasiado, solo qué estaba cansado de dar cuentas que la mujer es la que da el linaje y su madre no era judía sino italiana. Él era quien era y punto, un sibarita enamorado de la cultura culinaria de los dos países .

Su vida  era  demasiado gris cómo para que alguien quisiera entablar algún tipo de relación con él. Hasta que apareció Dante, un repartidor  que cada lunes le entregaba su pedido de alimentos cuidadosamente escogidos, volviéndose un amigo con quién podía discutir sin traumas.

Dante llegaba siempre serio , con cara de sabiondo, pero a Jacobo lo apartaba de un ostracismo elegido a causa del racismo y su pobre don de gentes.

A las 11  en punto comenzaba la danza  sobre la mesa de la cocina de Jacobo, que se sentaba libreta en mano, a tachar de una lista cada cosa que el muchacho iba sacando de su caja cómo si de la galera de un mago se tratara , convirtiendo al hombre en el niño olvidado que vivía dentro suyo.

Siempre lo primero eran los huevos.

– Huevos…ok, orgánicos, pero se ven tan sucios cómo los palos del gallinero! -.

– Sabía qué las gallinas ponen huevos de mejor calidad cuando llueve? –

– Pero qué estupidez! .

– Verdad- dijo  con absoluta convicción.

Jacobo no pudo evitar sonreír , pero tampoco lo quería ofender .

– Tienes pruebas?-.

Entonces sacó  unos  huevos que debía entregar a otro cliente , los dejó sobre la mesa , tomó otro del pedido de Jacobo y dijo:

– Ve la diferencia? El huevo orgánico es de  color  rojizo, brillante, con cáscara dura , firme y no tiene ningún olor. Además cómo puede ver  el tamaño es mayor .  Usted los prefiere,  significa que tienen un sabor  limpio, natural , sabroso, sin trazas de  retrogusto a pescado que acaba ofendiendo al paladar-.

– Puede verse también que cuando lo colocamos en la huevera calza perfecto sin oscilación alguna, mientras que el otro huevo parece hasta incómodo en su asiento. Nuestro amigo orgánico se regodea en su sofisticada suciedad proveniente de un ambiente natural donde las aves no tienen que disimular ser lo que no son. Son gallinas y punto, no se disfrazan de gallinas y ponen magros huevos de codorniz. Ya en la sartén parece danzar alegremente en el aceite caliente mientras la viscosidad se va transformando en seda y organza, en un entramado de unami y textura que se desliza con prisa garganta abajo -.

Jacobo miró de reojo el reloj con forma de pera colgado a la izquierda de la ventana de su cocina y frunció la boca pensando en qué si el repartidor  tardaba tanto en sus explicaciones podría arruinar la frescura del  salmón que aún no  sacaba de la caja.

– Algo súper importante, continuó diciendo Dante, es el tipo de gallina que proveerá los huevos. Ah sí señor! Y cómo no! Qué no es lo mismo una gallina batataza que una sin pedigree!.

– Ah no? -.

– Acaso usted no solicita carne de res Angus? No le da lo mismo comer de cualquier raza!.

– Pero no quiero comerme la gallina! Sólo el huevo!.

– Ah pues el huevo es un pollo en potencia señor mío. Tan merecedor de consideración cómo la mejor vaca con premios internacionales!.  

A las 12:40 la mesa ya contaba con una caja de 12 huevos, un galón de leche entera y una hogaza de pan de centeno, todo con el correspondiente sello Kosher en su envoltorio. De pronto surgió de la caja del repartidor una bolsa de papas moradas, todas idénticas y sin atisbos de la tierra que las vió nacer.

– Papas don Jacobo, humildes papas!. Sabe usted de dónde provienen? – preguntó esperando el silencio por respuesta.

– Perú -, dijo el cliente con seguridad.

–  Así es. Simplemente papas moradas,. Tiene idea cuántos tipos de papas existen? – dijo mirándolo con cara de » ésta vez si te atrapé ‘.

– No , no tengo idea – , dijo el hombre volviendo a pensar en el salmón sudando agua helada mientras se descongelaba en una caliente e impersonal  bolsa plástica.

El discurso sobre las papas duró 23 minutos y precedió a una magnífica exposición sobre los higos blancos que eran los favoritos de Jacobo y había aprendido a comerlos de muchas maneras gracias a su abuela materna que había sido quien le enseñó sobre la cocina judía mientras su abuela paterna lo consintió siempre con sus platos favoritos de la comida italiana.

Como cada sábado hizo su lista de pedidos a la tienda gourmet, esperando recibir su compra como cada lunes a las 11 am.

A esa hora puntualmente, el timbre sonó una sóla vez, ya que Jacobo no se permitía hacer esperar al repartidor. Pero cuando abrió la puerta de la cocina no era Dante quien llegó para entregar su encargo, sino un señor al que no había visto nunca.

Con cierta confusión y discretamente preguntó por el muchacho mientras el hombre dejaba sobre la mesa una caja de huevos que se veían demasiado limpios .

– Qué muchacho don Yeicob? dijo el hombre de forma condecendiente.

– Dante , el repartidor que viene siempre- , replicó.

El reloj de la cocina daba las 11: 15 y ya el pedido había sido entregado.

– Bueno don Yeicob, nos vemos el lunes cómo siempre. -.

Jacobo desconcertado guardó cada cosa en el refrigerador mientras buscaba los higos blancos que habían quedado olvidados  en el fondo de la caja del repartidor.

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