
https://youtube.com/shorts/19v…
Como era de noche sin estrellas, el firmamento azul claroscuro nos acogió extendidos nuestros cuerpos desnudos y sudorosos sobre la arena de las dunas.
Me deshice de mi traje raído y mi aspecto polvoriento luego de una travesía infinita que exige misericordia a los dueños del Universo.
Finalmente conduje mi nave de navegación a las últimas coordenadas que aparecieron en la brújula del mando de control de la cabina. En pantalla se vislumbraba la única alternativa de aterrizaje. Los circuitos seguían fallando y era inminente la colisión con esa superficie térrea presentada a último instante. Direccioné la nave al curso de los puntos cósmicos. Luego perdí el control y todo al impactar me sacudió estrepitosamente. Forrado en traje cibernético puede sobrevivir al impacto de la nave estrellada. Salí de la cápsula y me deshice de mis ropas destrozadas. Luego eché a andar por las dunas, desvalido y herido, y detrás de mí quedó la nave averiada y estrellada.
Maela me miraba fulgiendo un brillo celeste. Amaba sus ojos chispeantes, su mirada me causaba una dulzura refrescante. Sus labios entrecerrados querían, inquietos, besar o murmurar. Maela, extraña criatura amorosa, tan lejos de la tierra, extraviada en la profundidad del espacio, acaso esperando ser rescatada por su tribu intergaláctica sopesando las filosas telarañas luminosas del tiempo traspasado por sus naves espaciales; Maela, criatura perdida amando un hombre caído de las estrellas, que ha llegado sorpresivamente al planeta de sus propósitos amatorios, desfragmentado de su nave termodinámica, y aterrizado aparatosamente sobre las dunas ensombrecidas.
Aunque, la noche no tuviera estrellas, aquí estaba yo, en este planeta, atascado. El extraviado extrasolar. El fugitivo de los orbes ocultados por las brumas y las sombras omnipotentes. El sátrapa de las supernovas y los cometas, de las superficies planas altisonantes y áridas. Una mofa de la expedición de las fundaciones migrantes de los sistemas solares.
– ¿Siempre son las noches así en este planeta?
– Siempre -contestó ella, la Maela, que seguramente vivía sola en la exuberancia minimalista de aquel planeta sin estrellas.
– ¿Y cuando salen las estrellas?
– Saldrán cuando encuentre el hombre que viene de las estrellas.
– Pero, yo vengo de las estrellas, entonces, ¿saldrán las estrellas a la víspera de mi arribo?
– Seguramente, si me sigues haciendo tuya…
La noche se detenía, su manto no descorría… nuestras miradas impenetradas.
– Me pregunto, ¿si mañana será de día? La noche parece no detenerse…
– No se detendrá, pero cuando se detenga aparecerá el día, cuando encuentre el hombre que viene de las estrellas.
– Pero, yo vengo de las estrellas, entonces, ¿saldrá el día a la víspera de mi arribo?
– Seguramente, si me sigues haciendo tuya…
Y seguimos en nuestro idilio intergaláctico; pero, de pronto recordé que tenía que ir a reparar la nave espacial averiada en las dunas.
– Tendré que dejarte, Maela, debo ir a reparar la nave y debo vestirme. ¿Son tan densas las dunas aquí en tu planeta?
– Eternamente, pero serán jardines, cuando encuentre el hombre que viene de las estrellas.
– Pero, yo vengo de las estrellas, entonces, ¿se disiparán las dunas a la víspera de mi arribo?
– Seguramente, si me sigues haciendo tuya…
Cuánto cuento cuántico
OPINIONES Y COMENTARIOS