La hoja cayó sobre el pavimento húmedo, bamboleándose cual bailarina de ballet, en su interior un mensaje, la tinta silenciosamente empezó a esconder la escritura bajo una mancha azul que la humedad del piso produjo sobre el papel, también cayó una lagrima sobre mi mano, no supe la razón por su tibieza pude separarlade las gotaas de lluvia .

Seis de la tarde, llueve; mi turno en la oficina ha terminado, con una cara de gusto en el rostro salgo ala calle. La vereda con su alfombre de agua me espera para llevarme a mi automóvil, voy caminando cuando alguien se acerca, me mira, esboza una sonrisa disimuladamente me entrega una hoja de papel. Leo rápido, la caligrafía clara su contenido borra mi sonrisa, cierra mi boca…humedece mis ojos. Mi cuerpo tambalea  las imagenes se mueven en un carrusel de vertigo que no se contener.

Respiro profundo, una dos tres veces antes de sentir el control.

Una mujer con impermeable color marfil de cabellera trigueña contextura delgada y de caminar gracioso me entregó el papel para luego desaparecer rauda entre la muchedumbre que pasaba sin voltear la cabeza, el taconear de sus zapatos se confundió con la lluvia,  pero quedó petrificada en mi mmemoria por el contenido de la misiva, un suspiro profundo me sale del alma.

La tarde se hizo noche, la noche silencio, solo escucho el repiquteo de la lluvia en una cantinela monótona . Aún no entiendo por qué sigo pegado aquí con mil recuerdos en mi cabeza. 

La lluvia arrecia a esta hora de la noche mi maletín  cada vez más pesado. La escritura es ahora una mancha azul sobre el papel que me tiene estático esperando la respuesta que llegará, según decía, en el transcurso de la noche.

Diez de la noche, temblando de frío, mojado y con hambre, No sé cuál es la razón de apretar tanto la manilla del maletín. Espero…

Lentamente empiezo a comprender que esa mujer es el nexo tangible con el misterioso papel que me tiene atornillado al piso frente a la oficina.

Diez treinta de la noche, veo venir gente desde la calle poniente; bajo un paraguas  puedo ver una mujer con un niño de la mano. Pasan por mi lado sin mirar y apuran el tranco el verme mirándolos con cara de pregunta y muerto de frío.

Once de la noche, creo que esto fue una mala jugada de algún bromista que conoce mi pasado y quiere hacerme sufrir por algo que no sabia que existía hasta hoy.

Media noche: «Mañana será otro día» me dije y empecé a caminar hacia mi automóvil con la vergüenza pintada en el rostro, entero mojado y sin ganas ni de hablar.

El frío se fue después de la ducha; el café caliente me despertó de la pesadilla  recordandome que debía seguir esperando la respuesta al contenido de esa hoja.

La mañana amaneció fría y con niebla, entré a la oficina, mis compañeros me miran como pájaro raro, cuchichean, sonríen, otros miran para otro lado.

Termino de turno, hora de salir, volver a casa o ¿esperar?

Puntúalo

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