Secreto a voces

Secreto a voces

samuel montufar

11/03/2026

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A quien corresponda:

Hijos de ese tal Pedro Páramo, todos los hombres de este pueblo que dicen conocerlo, en realidad lo que siempre quisieron fue emularlo. ¡Y a mí que no me lo nieguen!, porque los conozco bien.

Ante mí no pudieron callarse ningún secreto, los muy hocicudos. Tampoco los culpo; por esos días era yo un monumento, no podían resistirse a mis encantos. Ahora ya solo quedan despojos del pasado; los tiempos que ya no han de volver…

Nadie lo conoció mejor que yo: era un hombre de esos, mentirosos hasta la médula, que con tal de conseguir lo que quieren son capaces de hablar hasta de amor y de cuánta mierda se les ocurra; eso sí, era bien parecido el cabrón…incluso podría decir irresistible.

Yo lo esperaba, siempre lo esperaba. Le decía a todo que sí y me aguantaba sus berrinches sin excepción. Cuando le venía la vergüenza con la que después no podía ni mirarme a los ojos, justo cuando se quedaba vacío, yo saboreaba el momento de la venganza.

Un día me contó lo del padrecito Rentería, muy recto que se veía, muy protector de la ley de Dios: todos los curas son iguales; quién mejor que yo para saber por dónde se les mete el pecado.

El punto culminante era tener al mero cacique del pueblo vuelto un chamaco, desvanecido entre el llanto y el placer…

—No era mi culpa —decía entre sollozos—. Yo era tan solo un niño y me dejaban solo con el cura; ahora solo siento asco. ¿Me entiendes?

Yo le acariciaba el vientre, efectivamente como a un niño indefenso, fingiendo no saber de lo que hablaba: —¡Claro que no era tu culpa! —le decía.

Cuando  su mano se ponía contra la mía, él comparaba los tamaños y se le volvían a aguar los ojos. Luego se secaba a prisa, se vestía y, ya con el sombrero puesto, acomodándose el bigote, decía:

—No le vayas a decir a nadie… o te mato con mis propias manos…

No sé si esta confesión merece ser leída. Yo conozco a Pedro Páramo; lo he visto en todos los que alguna vez lo han buscado y han llorado en mi espalda, vencidos.

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