La paciencia dentro de la impaciencia

La paciencia dentro de la impaciencia

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31/03/2026

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No sé si esta carta te va a llegar o si le va a llegar a alguien. Aquí en Comala las palabras se quedan flotando en el aire denso, denso como el polvo, con el calor que nunca se va y cuando se va te deja una resaca como que si nunca se hubiera ido.

Te escribo porque todavía te nombro, te recuerdo y sale una lágrima de mi ojo izquierdo que nunca cae. Te llamo, aunque ya no estés, o tal vez soy yo quien ya no está. A veces no sé quién de los dos se quedó más lejos.

Me acuerdo de cuando venías y te quedabas mirando cómo trabajaba, como si en mis manos hubiera algún secreto que quisieras descubrir. Y luego me hacías tantas preguntas que me volvías loco. Era hacer las cosas con lo que se tiene. Así deshuesaba el pollo, sin romperlo, con la paciencia dentro de la impaciencia. Así se hace todo en la vida, aunque uno no lo sepa explicar.

Aquí el tiempo no pasa, pero pesa. Y uno se queda pensando en lo que no se enseñó, en lo que no se dijo. Yo debí enseñarte más. No sólo el quesillo con huequitos, ni ese truco de los huesos, o mejor dicho, del primer hueso que marca el resto. Debí enseñarte a no tener miedo de empezar de nuevo.

Dicen que fui fuerte, que no medía la fuerza, tal vez es verdad, pero también fui torpe para decir las cosas suaves. A veces la voz se me iba a lo pesado, más alto de lo que quería. No era enojo. Era que no sabía hacerlo de otra manera.

Me acuerdo de los días de fiesta. De la música en la rockola, del ruido, de la gente riéndose. Yo estaba ahí, moviéndome entre todos, sin hacer mucho ruido del mío, que sin querer hacía. Siempre fui más de hacer que de hablar, sin buscar protagonismo. De prender el fuego para que otros cocinaran, de colocar la sal de la sabiduría. De estar sin que se notará.

Aquí, en en éste silencio que no se acaba, uno se da cuenta de lo que sí valía: esos momentos pequeños. Verte aprender, verte fallar y reintentar, verte reír o llorar.

Si todavía haces ese quesillo, no te preocupes por los huequitos. Eso es lo de menos. Lo importante era el tiempo que pasábamos en eso.

No sé si esta carta te llegue. Aquí las cosas no llegan, solo quedan.

Pero, si de alguna manera la escuchas en el silencio, acuérdate de mí, no como alguien que se fue, sino como alguien que estuvo.

Y que a su manera te quiso.

— Desde Comala, tu tío.

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