CARTA A LA MUERTE

CARTA A LA MUERTE

Bago

27/03/2026

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CARTA A LA MUERTE

Despiadada muerte, te expreso mi profundo sentimiento de desdén con algo de nostalgia, sabiendo que siempre te pasas llenando de lágrimas y tristeza el transitar de personas por la ruta del destino. Desde la última vez que pasaste por mi lado te he seguido los pasos, no sé si te acuerdas, aunque creo que sí, llevas una bitácora donde apuntes nombres de personas que se despiden de este mundo por tu culpa, te llevaste dos personas que estaban en habitaciones contiguas a la mía en la UCI  donde nos reponíamos de las cirugías del corazón lastimado por el exceso de colesterol. Sentí tu presencia, desde el umbral me mirabas, te quedaste en la puerta, no lo atravesaste, te quedaste esperando mi respuesta que no se cual fue, dando la vuelta seguiste a la siguiente habitación, dejando un lúgubre momento de caos y tormento, todos corrían, menos tú. Luego una gran calma reinó en el espacio y un cuerpo inerte, rígido por tu mandato quedó durante muchas horas que fueron hasta la eternidad. El comentario en la sala de enfermería: se nos fue, pasó a mejor vida, se repetía como eco del tic tac del reloj de pared que trataba de marcar la hora en que habías hecho tu fiesta, o mejor, cumpliste con tu labor, apagando la luz de vida de las personas que carcomidas por las enfermedades esperan hasta que la última célula cumpla su apoptosis, tú presencia acelera el proceso y soltando los lisosomas celulares cumplan con el trabajo que le has encomendado. Y no contento con esto, volviste a pasar, y repasaste los pasos en la habitación de mi derecha, porque en la de la izquierda ya habías hecho tu trabajo.

Desde ese día he venido esperando, y anhelando que leas primero esta misiva antes que me invites a caminar contigo, no se hacia dónde, ni para qué lugar llevarme.

Has dejado huellas en mi vivir, la partida de mis padres, mi madre en una habitación de un hospital, donde le pusiste la mano en su corazón para que se detuviese, y ahora nos dicen que es un problema genético de la familia donde el corazón se cansa de bombear y detiene su movimiento, yo te culpo. Y aunque mis estudios me dicen que es cierto, que la genética es una herencia, pero sin dinero, me hago el no sabido para poder reñirte o al menos buscar un culpable del abandono que hace la vida de los cuerpos somáticos y que tú eres el encargado de estar presente cuando la luz se escapa de las personas. Luego fue mi padre, se quedó dormido en su lecho de enfermo sufriendo los más terribles dolores en su cuerpo, y tú todos los días estabas sentado al borde de su cama, y no tuviste un poco de lastima, no le mermaste ni un día de sufrimiento, dejaste que sintiera tu presencia hasta el último minuto, no tuviste compasión. Puede ser imperdonable, pero tú no tienes perdón.

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