Esa sensación de temor por ti y por tu familia, a causa de la inseguridad al caminar por Comala, es similar al insecto que está ciego ante la siguiente telaraña que invisible se levanta…
“Cuánto envidio a los habitantes de Battytown, a miles de kilómetros de distancia, porque oí que ellos se sienten seguros al caminar por las calles de su país”
Aquí no me gusta cómo me siento. Pero si te escribo es precisamente porque quiero tu consejo. Tú, con tus canas, tu túnica blanca y tu barba que te arrastra, pero de alma magnánima y espíritu elevado e iluminado… dime: ¿debo seguir guardando la esperanza y oyendo el vago pensamiento que me invade diciendo que las cosas serán mejor mañana?, sí lo creo. A pesar de todo, yo creo.
Creo porque el partido solo termina cuando el pito suena.
Porque si bajara la cabeza y me diera por derrotado ahora, no tendría sentido nada. Sin embargo, recuerdo que la vida es un regalo muy valioso e irrepetible. Solo el Ser Supremo es quien la da y solo Él quien la puede retirar. Mientras tanto, ¡lucha! La vida es eso: un camino de altibajos. Trata de que, al ver la película de tu propia obra cinematográfica, ese actor en la pantalla obre conforme a sus ideales y busque hacer el bien en beneficio de las grandes mayorías, antes que satisfacerse a sí mismo.
He oído que algunas personas no sienten el sabor de las comidas… ¿cómo es eso posible? Luego imagino que tal vez les pasa como a Prometeo, quien robo el fuego y su castigo fue físico al arrastrar una gran roca hasta la cima. Pero en su caso, el castigo es psíquico: sus propias sombras son las que les anudan el sentido del gusto. Pienso que aún lo pueden recuperar, deben mantenerse firmes en creer que el cuerpo muere, pero el alma se eleva. Y pueden pedir perdón incluso antes de exhalar el último aliento.
Perdona que te diga estas cosas; es solo, que a veces necesito recordarlas.
Gracias
Con cariño,
Jc. Wyatt. Comala 23 de marzo del 2026.
Cartas desde el polvo
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