Estimada señora :
Espero que usted se encuentre bien. Le escribe Rodrigo Marín, primo en segundo grado de su esposo Pedro Páramo, que soy propietario de las tierras colindantes con la hacienda de La Media Luna, heredadas de mi Santa madre, ya fallecida en el año de Dios de 1900.
En primer lugar, perdone que me dirija a usted, no quisiera parecer osado, pero he agotado todos mis recursos antes de hacerlo.
Su marido me convenció para adquirir conjuntamente, para sus tierras y las mías, ingentes cantidades de guano y salitre, que no sé si usted conocerá que los usamos para intentar hacer de la superficie árida característica del distrito de Comala unos terrenos fértiles. El objetivo era conseguir mejores condiciones a la hora de comprar. En ese acuerdo, que data de hace varios años, yo me ocuparía de negociar y proveer de estas materias a la hacienda de su marido, La Media Luna, transportándolas por mi cuenta y riesgo desde la costa.
Al principio la marcha del acuerdo fue bien, pero hace ya algún tiempo, bastantes meses vamos, que su marido no me paga la parte convenida, a pesar de que el suministro continúa. Varias veces le he reclamado ya al señor Pedro Páramo incluso por escrito, pero nada, no hay ni respuesta ni dineros en mi haber.
La situación se ha vuelto muy gravosa en lo que me concierne, ya que para comprar dichas materias me endeudé y he tenido que ir pagando los encargos, uno tras otro, durante todo este tiempo, por lo que mi situación financiera está al límite. Le debo mucho dinero a un prestamista de Ciudad Guzmán y ya me amenazaron unos matones que él envió con unos palos, que si no le pago lo que le debo me sacarán las entrañas.
Como usted comprenderá, el miedo lo tengo metido en el cuerpo y, en realidad, esa es una deuda de su señor Pedro Páramo, que me lo debe a mí para que pueda pagarle al señor de Ciudad Guzmán.
Tras haber agotado mis recursos le escribo para suplicarle que interceda por mí ante su marido, ya que la amenaza podría hacerse realidad en cualquier momento. Quizás usted pueda convencerle de que atienda mis ruegos; es que la situación es extrema y no tengo ya a quien acudir.
Le transmito mi mayor gratitud. Que Dios la bendiga.
Cartas desde el polvo
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