Dele vida a Pedro Páramo. Fantasee altivo. Rescate desde una carta manual y sensorial, desempolve el polvo del olvido, que no fue tan olvidado. Vaya paradoja. Tal vez, fue más apreciado que lo estipulado y calculado.
Para filosofar, lo que pinta la soledad trae confusiones y figuras de consecuencias raras y extrañas.
Araña la huella que destella la soledad del camino la vertiginosidad del olvido. Espolvoreado, como toda huella transitada sobre caminos áridos, arenosos, sinuosos y extremadamente desparejo.
Donde la soledad cae sobre un manto de aislamiento perenne. Creando habitantes fantasmagóricos, extraños y envolventes con túnicas claras.
Se aclara, las volutas raras acechan con crueldad nuestra salud mental.
No hay delantal que detalle el talle. Ametralle la búsqueda del viejo cacique. Ubique en Comala, una zona inverosímil con fantasías surtidas. Un destello de vida sutil. Un cacique dictador, corrupto enamoradizo. Por no olvidar a Susana, fue dilapidando vicios. Fue tomando contratiempos hasta en lugares precisos. Para no olvidar la huella, dejaba rastros con hijos…
Viaja el protagonista de la novela novedosa, en búsqueda represiva de su padre. Para qué lo busca si es extracto de mala gente. Juan Preciado es un desprecio de la vida. Un olvido más. Muy apreciado no fue, si lo dejaron tumbado. Por la promesa a su madre, viaja a buscar su pasado. Una víctima del abandono rural y conyugal. Solo para importunar, intenta resarcir una forma de vivir entre fantasmas.
La pobreza es opresión en su máxima expresión. La mujer de lodo es el carácter del creador de la tierra. De polvo somos, y en polvo nos convertimos, pero antes, y como estimulante por un polvo vamos, siguiendo una huella turbia. Morochas, castañas o rubias, no entran en discusión.
Todo es una función de confusiones múltiples. Se toma lo que precisa, y las muestras se suceden como botón de camisa…
Empolvados por la aridez de la zona, hay gente que no razona correctamente.
La mente toma el desvío de los muertos vivos…
Anclados en un pasaje desértico ni “Sérpico”, descubre la trama. La dama amada Susana San Juan, quedó grabada en la grada. Se fue perdiendo entre sombras. Entre las buenas y malas.
Entre ánimas y espectros. Salió un misil combativo. Una estela epistolar que busca el clamor amigo. Habitantes huecos de Comala, que al pasar no hacen ruidos. Voy narrando estos renglones, para hacerlos atrevidos. Con el rigor del delirio, limpio el polvo del olvido. Para jugar con las letras, un mensaje decidido. Que estacione en algún rincón para no quedar perdido…
Por la trama espirituosa Juan Rulfo fue distinguido. Jugando sobre fantasmas, entre nieblas sin sonido. Como un grito caprichoso, una mueca sin sonido. Imitando al cine mudo, entre brumas escondido. Saltó el resorte del genio. Y el hombre fue conocido.
Una historia revoltosa que no sepultó el olvido. Se escriben loas y honores para ese escritor querido.
Partió sembrando intenciones, multiplicando lecturas. Entre lo viejo y lo nuevo, generaciones futuras. Teléfonos celulares aportan las criaturas. Cambian libros por pantallas.
No se apaga la cultura…
Cartas desde el polvo
OPINIONES Y COMENTARIOS