NO QUISE. NO PUDE

NO QUISE. NO PUDE

Zaragata

20/03/2026

0 Aplausos

0 Puntos

17 Lecturas

Cuando te contacté hacía lustros que me había soltado tu mano. Vivía perdida por las calles de la vida, a veces dando tumbos, otras sintiéndome dueña del universo y, siempre, atravesando densas soledades que no existían cuando estaba a tu lado. No sé por qué te busqué. Tal vez para volver a tener complicidad, recuperar la sensación de ser amada o sentir el amor con todo el cuerpo. Debí entender tu respuesta inicial. No quise. No pude.

Pero hiciste un cambio vertiginoso y, al cabo de los años, volví a escuchar tu voz al teléfono. Habíamos hablado tanto siendo jóvenes. Incluso corté nuestra relación con una llamada. Tampoco sé por qué. Se me ocurrió en el metro, regresando del trabajo en aquella oficina que tenía impregnadas en sus paredes historias de nosotros. Pensé que la vida tenía que ser algo más grande. ¡Qué ridículos los seres humanos buscando grandezas! La vida no es otra cosa que vivir. Pero yo era ingenua y la película que me ponían delante, muy sugerente. Así que me solté de tu alma. El arrepentimiento llegó rápido. La realidad me envolvió. Tú ya no estabas. Comencé a rodar.

Tan impetuosa como la decisión que tomé en el metro fue la de buscarte. Y te encontré. Estabas absolutamente reconocible. Muy atractivo. Siempre lo fuiste y, pasados los cincuenta, la madurez te había proporcionado una seguridad que no tenías de adolescente. Comenzamos a escribirnos. Eran cartas intimistas con palabras que abrigaban el corazón y generaban esperanza. Conservo la primera que me enviaste; me gusta leerla de tarde en tarde.

Y llegó el día del encuentro. Estaba felizmente nerviosa y tan viva como cuando nos quisimos. Al vernos tomamos conciencia de que habíamos crecido. Nos mirábamos con los ojos empapados de ayer, pero el presente insistía en meterse por medio. Éramos dos adultos con vidas absolutamente distintas. Vino la noche. Forzamos la situación. Hubo momentos llenos de reproches. No conseguíamos fiarnos el uno del otro. Aparecieron propuestas que no cabían en el alma adolescente que había renacido en mí; porque yo me redescubrí en ti, aunque no lo notases. Dormías a mi lado diciendo mi nombre en sueños; supe que no clamabas por mí, sino por quien una vez había sido contigo.

Temblor en el desayuno. Un beso que casi dolió. La rosa roja que me regalaste y murió con tu silencio. Quedaste en llamar, en escribir, en volver. Te creí… a medias. Tu mutismo fue el adiós más rotundo que jamás viví.

Podrías haber dicho que no querías verme, que la vida había pasado. Ahorrarte la escritura de tantas páginas llenas de emociones. El viaje con aquella intensa nevada que aún recuerdo. Pero optaste por la venganza. Tenías demasiado rencor acumulado. Nuestro encuentro empañó para siempre el recuerdo del amor que nos tuvimos. Ya lo dijo Sabina: «…en Comala comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver».

Yo volví a ti y solo encontré venganza. No lo vi. No quise. No pude.

Votación a partir del 01/04

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS