CARTAS COLGADAS EN EL TIEMPO

CARTAS COLGADAS EN EL TIEMPO

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Construimos un castillo donde el tiempo y los sueños eran pura magia. Sonrisas compartidas, abrazos que llenaban el alma, besos con sabor a chocolate y mandarinas que nos hacían brillar como rayitos de sol. 

No existían días malos para nosotros, un día gris, era un día creativo, lleno de imaginación, donde las nubes con sus formas dibujaban caballos voladores, dragones, hadas y duendes. 

El cielo se convertía en un escenario donde nosotros escribíamos el guion y lo guardábamos como tesoros en nuestro corazón. 

Nos gustaba merendar en medio de un  campo lleno de florecillas, mirar los árboles y observar las mariposas de colores que revoloteaban a nuestro alrededor, escuchar el canto de los pajarillos y sentir el olor a primavera. 

De pronto ese castillo se derrumbó dejando un muro de distancia entre nosotros, los días pasaban,  y así fue como me convertí en la abuela arena, un soplo de aire me hizo desaparecer de vuestras vidas. 

Los recuerdos se convirtieron en heridas cada vez más profundas, os escribia cartas que quedaban colgadas con pinzas en el tiempo y mientras tanto… ibais creciendo y yo envejeciendo. Ese vacío se lleno de tristeza,  y esa tristeza la convertí en esperanza, porque el amor de verdad encuentra siempre el camino de regreso a casa. 

Cierro los ojos y maldigo Comala, ciudad silenciosa, donde el atardecer se ha convertido en afilados cristales que cortan hasta el aliento.

Cuando comienza a oscurecer trasteo  en mi pequeño baúl, donde aún guardo algunas fotografías y  dibujos que hicisteis con tanta ilusión, quien iba a imaginar que ese beso fue un adiós… un adiós de esos que te rompen por dentro.

Me duele sentir que estáis viviendo emociones y pensamientos que no nacen de vuestros corazones. No solo hay una abuela soñando por estar a vuestro lado, también hay un padre y una tía que juntos esperan ese nuevo reencuentro. 

He aprendido a vivir con esos  anhelos que habitan en mi y ese deseo loco de volver a compartir esos días de luz, ternura y felicidad. 

Aquí sigo, aquí seguiré, al final del camino, en esta maldita ciudad, esperando un rayito de sol y con las manos llenas de amor.

Por el agua que hace  florecer las flores, por las estrellas que escuchan los deseos y por el camino llamado vida, eso es Comala para mi, una ciudad que arrebata, pero siempre te deja una puerta abierta para los que una vez se marcharon y aún no han regresado.

Por vosotros tres con todo mi amor.

  


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