El polvo de la caja hará el resto.

El polvo de la caja hará el resto.

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Para ti, dónde quiera que pernoctes. 

Aquí en Comala el tiempo se detuvo y se hizo polvo. Te escribo sabiendo que para cuando encuentres este trozo de papel, si es que la humedad no lo deshace primero, yo ya seré parte de los muros y de las sombras que deja el sol de agosto.

¿A quién le hablamos los fantasmas que quedamos aquí? A nadie. Nos hablamos a nosotros mismos, repitiendo en voz baja los nombres de quienes nos dejaron, a ver si con el murmullo vuelve un poco de esperanza. Yo me la paso repitiendo el tuyo.

No me busques en los rincones de este pueblo abandonado. Me quedé en la silla donde te vi por última vez, esperando a que sé fuera el atardecer. Pero nunca se fue. 

El calor me secó primero la piel y luego la voz; tu recuerdo fue lo único que me negué a soltar hasta que me convertí en esto.

No llores estas letras secas. Ya no hay dolor, solo este eco inmenso. 

El polvo de la caja hará el resto.

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