Verano de 1979

Verano de 1979

Ana Alabi

15/03/2026

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Agosto… ¿O era julio? Era verano.

Recuerda ese aire pesado, ardiente, lento, cargado de…

No puede respirar. No puede contarlo. Es tal la culpa. El asco. Ese verano marcó su vida entera y ni siquiera se le dio el derecho a recordarlo. Pero esos otros recuerdos permanecieron…

Tendida en la cama, a la hora de la siesta, los abuelos dormían, se dice que serían las cinco. Ese sonido tan propio de los carros que pasaban por la calle, dejando que su sombra se deslizara por la pared a través de la persiana, al son de su paso. Y de nuevo el silencio. Las manecillas del reloj, su sonido rítmico, insensible a todo. La sensación de no ser ya dueña de su vida, la mirada fija en la mesilla, las manos sujetando las rodillas, acurrucada. La mirada fija, sí. Y el parpadeo lento, el ceño ligeramente fruncido, la respiración superficial, rápida, tenue, y sobre todo esa ausencia extraña de pensamiento. Ese hurto de vitalidad. Sólo tenía siete años… 

Pero ¿sabes?. Esa casa ya no existe, ni esas calles. Me contaron que el sol prendió unas briznas secas y el pueblo entero ardió. El fuego arrasó de manera brutal con todo, con una fuerza casi demoníaca y sus enormes llamas aniquilaron hasta las dudas. Sólo quedó un polvo negro que con las lluvias y los vientos también acabó desapareciendo. Adiós Comala. Ya no queda de ti ni el polvo en que te convertiste.

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