Brotes azules

Brotes azules

Susana Cavero

14/03/2026

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Lo advertí y no fui sutil. A todos y cada uno de los habitantes extiendo y hago pagar la dicha que me ha correspondido porque fui el primero, el origen. Todo fue creado a mi amparo. Todo morirá con mi último suspiro, porque seré también el final: el espectro que todo lo envolverá y el único recuerdo perdurable por años, quizás milenios.

Pobres mortales de carne y espíritu que sufren por sus actos o los de sus vecinos. Todos paseantes del tiempo finito atrapados en mi eternidad, en mi esplendor y decadencia. Fui creado para regular los flujos del ser y estar humanos, sus pasiones y sus inmundicias.

Desde mi atalaya de adoquines y calles he florecido y alimentado mis fauces con el amor de espléndidos sentimientos: verdes, frescos, vivos de corrientes de aire limpio y jardines de bosque. Deseoso estaba antaño de amanecer brillante y limpio, transcurriendo hasta el anochecer de claro de luna y estrellas llenas. Ahora no me reconozco. El día a día de mensajes enviados, sufridos, de advertencias desoídas y de caída en la ira de la venganza despechada, me nubló hasta el infinito, acompañando vuestra mezquindad. Intentando reconducir esas fuerzas miserables que lleváis en vuestras entrañas y nos han convertido a todos en polvo.

Ahora somos todos páramo. Todos arrastrados al vacío. Todos en extinción.

La sabiduría de la madre tierra me apoya y no ceja en insistirme porque aún cree en vosotros. No me atrevo a contradecir y continúo mi decadencia pausada, amparando vuestras tumbas y observando la pérdida definitiva de vuestro eco retumbando en mis muros, traspasando las ventanas de cristales rotos y opacos que no iluminan, que no reflejan ni en la distancia. Ya soy monocromo ocre, barrido y polvoriento. No me quedan pulmones de voces infantiles, ni cánticos de festejos.

No obstante, sabiendo de mi longevidad y de vuestras profundidades, no cejaré en el intento, porque la memoria de la utópica felicidad eclipsa hasta las raíces más lúgubres y hace con el olvido el compás de la esperanza.

Aquí estoy y aquí me quedo, deseando abrir de nuevo el tarro de aquellos tiempos que existieron, aunque no haya alma que los guarde en su memoria, nada más que la mía y la de mi madre. Nuestra eternidad nos lo permite y os lo permite. No es oportunidad, es ley de vida. De páramos a edenes gobernamos, en distintas formas: selvas, bosques, ciudades o pueblos; aquí estamos. Aguardando vuestra vuelta para cuidarnos entre sí y brotar renacidos del azul cielo de Comala.

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