Olor metálico

Olor metálico

Amarand

12/03/2026

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En esta tierra que habito la miseria no descansa, como el polvo de los caminos, me envuelve y se cuela dentro de mi ser.

Comala, ¡Nombre maldito que me ahoga!

Rota mi alma sin remedio, condenada. El polvo me consume los huesos ¿Seré yo quien está muerta en tu lugar? ¿Vives tú en el paraíso y esa es tu venganza? Mis manos arrugadas sostienen tu carta amarillenta, recordatorio de tus promesas. Me vendiste tus sueños de un pueblo blanco que iluminaba las noches oscuras y ahora vivo en la negrura del pecado.

Tengo manchas de sangre en mis manos, que arrugan tu carta apretada contra mi pecho, observo el fuego de la chimenea crepitando y rugiendo su malestar. Hay sangre también en mis ropas y en el suelo, siento mi cabello húmedo y frío. Rememoro tu sonrisa, tu cuerpo fuerte, tu piel tostada por el trabajo en el campo y la pasión sin cerrojos ni ataduras…más luego; no llegaron los hijos y tu mirada se cubrió de odio y violencia.

Huelo la sangre, un olor metálico como la hoja del cuchillo que elegí para mi asalto, mi última esperanza de escapar. Dos tonos de sangre, dos olores diferentes que se repelen en el aire denso de la estancia. El color rojo va tornando a gris, se difumina. Mi visión se nubla y la oscuridad se proyecta en la lejanía y en ese instante lo veo, de pie, con gesto de desprecio, limpia con su camisa la sangre del cuchillo y de los cortes en sus manos, mientras me observa luchando por un último aliento, tirada en el suelo frente a la chimenea de nuestro hogar.

Mi memoria es el único testigo de mi desdichada historia, rubricada con mi sangre instantes antes de mi muerte.

El polvo de mis huesos se quedará en Comala.

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