No sé si esta carta algún día llegará a tus manos, pero desde el silencio de Comala te escribo estas líneas.
Te escribo estas palabras porque el silencio ya no puede guardarlo todo, y aunque nunca se escuchen, necesitan ser dichas.
El amor se quedó viviendo donde tú te fuiste, entre las calles cubiertas de polvo que guardan huellas que nadie borra.
Te recuerdo en cada calle, donde la memoria abre puertas que creí cerradas.
Cada noche repito tu nombre sobre la almohada, como si al nombrarte pudiera encontrarte otra vez entre los vivos.
Si alguna vez esta carta llega a ti, sólo quiero que sepas algo que nunca supe cómo decirte del todo.
Fuiste la única luz que este pueblo no consiguió apagar.
Te seguiré escribiendo mientras este pueblo recuerde por mí.
Cartas desde el polvo
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