Carta abierta a mi (insepulto) padre.

Carta abierta a mi (insepulto) padre.

Williams Nuñez

11/03/2026

1 Aplausos

0 Puntos

7 Lecturas

Creo que llevabas dentro tuyo, clavada como un puñal, una larga pena, un largo silencio. De aquellos que hacen verdadero daño.

Nunca supe, ni podré ya saber, de qué se trataba o a qué se debía ese dolor hecho silbido entonando tangos.

Lo que sí entiendo hoy, rememorando aquellas tardes sentado a tu lado oyéndote cantar o silbar como los pájaros, melodías cargadas de tristeza infinita, es que esa era la única manera que tenías, quizás, de dejar ir lágrimas y recuerdos dolorosos. Y te miraba y me gustaba oirte y me sentía, como nunca, cada vez más cerca tuyo aunque no existieron ocasiones de saber más de tu infancia, tus primeros amores. (…quizás fué mamá, nunca lo sabré¡) O conocer algo de tus propios padres a quienes hoy ni siquiera puedo nombrar pues, si alguna vez me los dijiste, no recuerdo sus nombres, ni sus historias de vida, con quienes tampoco compartí algo de tiempo, si acaso vivían cuando yo nací. ¿ Se enteraron que yo había nacido y que era tu hijo, el último de tres. ?

Estoy seguro que ellos supieron retribuir tu amor y en la medida de lo posible, te cuidaron celosamente para que llegaras a ser buena persona, a pesar de los impedimentos físicos que padeciste, para que estudiaras, para que con muchas cosas en contra, siguieras adelante y fueras, en algún momento, el mejor hermano de tus hermanas, el mejor padre. Doy fe. ¿Que tuviste errores, que te equivocaste…? ¿Quién no los ha tenido? A quienes bien te quisieron y conocieron a lo largo de tu vida, eso no les importaba. Ellos, como yo, conocían al Pedro optimista a ultranza, que sacaba una enseñanza hasta del dolor más íntimo, al que reflexionaba y te dejaba una lección simple usando sentido común y empatía, el que reía hasta de su propia desgracia y espantaba los fantasmas del dolor y la desesperanza, cantando.¡Y cómo cantabas…¡ Nada que envidiarles a los mejores tangueros de la época. Era un don y como todos los dones que se reparten con generosidad, quedaron grabados a fuego en mis recuerdos, aún te escucho entonar los clásicos de Gardel, de Julio Sosa, del polaco Goyeneche. Yo no los conocía más que de nombre, un género que nunca creí llegar a apreciar…pero los años, los recuerdos, me trajeron otra vez tu voz y tu rostro, tan parecido al mío que ahora veo, en el ocaso de mi vida, en este espejo, mientras me afeito.

Te disfruté viejo, compartimos los mejores años de mi vida, sin pretender ni riquezas materiales o futuros mejores, reímos, lloramos, soñamos imposibles y aprendí a conformarme con poco. Bastaba con los mates de mamá y el perrito al lado y vos contando anécdotas, cantando un tango. ¿Qué más? Estás ahí. Cuando creo que la vida me golpea demasiado. Como ahora, cuando te escribo esta larga carta que desde el cielo, lees, seguramente. ¿O me la estás dictando? Hola viejo.

Nunca chau…solo hasta luego.

Votación a partir del 01/04

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS