CARTAS DESDE UNA MESILLA

CARTAS DESDE UNA MESILLA

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Juan Preciado, cumpliendo los deseos de su madre, decide por fin hacer el viaje desde Contla hasta Comala, setecientos kilómetros lo separan.

Un duro peregrinaje, con calores sofocantes, más la esperanza de encontrar a su verdadero padre.

Dolores le contaba desde niño que Comala era un pueblo con tierras verdes repletas de maizales amarillos que contrastaban con su verdor. Fue la etapa de su juventud cuando todo lo que recordamos nos parece mejor.

A medida que el arriero le acercaba a Comala, Juan Preciado no observaba estas maravillosas tierras,sino además del calor sofocante sus ojos observaban tierras agrestes, duras,con vientos calientes que le cortaban la respiración.

Una vez en Comala y asentado en la hospedería, le atrajo la curiosidad de ver lo que podía haber en aquellos muebles desvencijados.

En un cajón destartalado encontró unas hojas de papel polvorientas, en las que a duras pruebas pudo leer se trataba del diario juvenil de su madre,cuando todo a su alrededor era maravilloso.

Mas de pronto, ya no había más escritos ,el último párrafo era su casamiento con Pedro Páramo, Al derrumbarse su vida por el maltrato de este hombre sanguinario.

Quedaban unos espacios vacíos muy polvorientos, en los que Juan Preciado siguió anotando las impresiones causadas por este pueblo.en lo que se había convertido y los crímenes que había efectuado su padre con el fin de poder hacerse con la finca de LA MEDIA LUNA, en la que por fin pudo acomodar a Susana su amor platónico, enfermo y sin lucidez..

Al morir su padre, Comala se convirtió en este pueblo de oídos de muertos, campos completamente secos, sin mazorcas, calores sofocantes en las que el sol no paraba de calentar sin abrirse tan siquiera.

Conforme llegaban a sus oídos los gritos y los relatos de los muertos,Comala se convirtió en el pueblo MÁGICO, y Juan fue apuntando cuanto pudo en el final de la cuartilla lo que iba escuchando,

Una mañana de las consabidas calientes y cuando ya no podía resistir el repicar de los gritos y de ultratumba cayó al suelo para compartir su muerte con el resto de Comala.

Llevaba consigo guardado en su pecho,las anotaciones de su madre Dolores,más la continuación de las escritas por él.

Las encontró el cura del pueblo retenidas en su pecho. Las guardó junto a sus múltiples recuerdos y así quedó en suspenso quien las volvió a encontrar.

Todo quedó de nuevo en la ciudad  de Comala y como realismo mágico no conocemos  el final de estas cuartillas polvorientas. Solamente nos quedan el repiqueteo de campanas y las viejas saponarias. 

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