Carta a mamá

Carta a mamá

Abuelo Kraken

02/03/2026

1 Aplausos

0 Puntos

48 Lecturas

¿Te acuerdas, mamá?

Aquel día me cambiabas el pañal y yo no paraba quieto. Papá tuvo que sujetarme las piernas, como siempre lo hizo y lo ha hecho. Su premio fue un baño de orines del propio hijo. Reímos los tres, mientras él se limpiaba la cara y se quitaba la camisa, más sucia por el trabajo que por mi ocurrencia.

No me mires así. No me estoy burlando. Es la nostalgia, que a veces me amarra y no me suelta.

¿O ya se te olvidó? Lo sé, perdona. También yo olvido cosas. Olvido que todos envejecemos, que el reloj no se detiene ni siquiera en los recuerdos. A mis cincuenta, mi memoria de elefante ya cojea.

Papá ha estado mal últimamente. Perdona que te lo suelte así, sin preámbulo, pero supongo que lo sabes. En un año ha tenido un par de fracturas. La rodilla —sí, la maldita rodilla. Tanto le insistimos en que se operara, en que se animara aquella vez que vinieron a la Ciudad de México. Venían sólo de visita, y acabaron quedándose medio año por la fístula que le atendieron a tiempo.

Cuando tuvo su primera prótesis, la rehabilitación lo cansó. Después de todo, ya había pasado por eso antes. Entonces lo atendió Daniel; ahora ha sido Ambrosio, con mi hermana menor, Faridee… dos veces. La otra fue la cadera, hace un mes. Un vahído y una caída lo dejaron dos horas en el suelo antes de que pudieran ayudarlo.

Esas son las cosas que nunca me gustaron del pueblo. Todo es tan precario. Cuánta gente se habrá quedado sin llegar al hospital. Pero respeté su decisión, incluso cuando maldije el día en que los vi marcharse a su retiro en Michoacán.

Te confieso algo, mamá: llegué a pensar en matarme. No te enojes. No encontraba sentido a seguir sin compañía. He tenido que aprender a vivir solo, con Luna. Sabes de lo que hablo. Esta depresión no me suelta, y el mundo tampoco ayuda.

Por cierto, ¿cómo está ella? Dale mis caricias; fue una buena gata. Aquí me acompaña Bicheta. Te habría gustado tenerla sobre tu regazo: es mansa y dormilona. A veces se despierta asustada, me busca y me abraza. Su cuerpecito caliente sobre mi cuello me da paz.

¿Trabajo? Algo tengo, pero el dinero nunca alcanza. Eso tú lo entendías mejor que nadie. Me acuerdo de verlos sufrir para cubrir los gastos de la casa y el negocio, partiéndose el lomo para sacarnos adelante a los tres.

De mi hermana mayor, no me preguntes. Ya nos conoces. Somos como agua y aceite, y no porque yo lo quiera. Ella no tolera mi forma de ser; no me perdona no haber estado contigo el día en que cerraste los ojos para no volver a abrirlos.

No te preocupes, mamá. Te mando mil besos hasta allá. Saluda a los abuelos y a los tíos.

Tu hijo, que te ama más allá de Júpiter, dándole dos vueltas.

Luis.

Votación a partir del 01/04

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS