Comala. México 17 Abril 1955
escribo esta carta dirigida a nadie.
Tal y como me siento, no soy nadie, habitó en un pueblo seco donde ni la mala hierba crece, mis manos están sucias y callosas de tanto trabajar la misma tierra a la que volveré cuando muera, el polvo ya es parte de mis pulmones. Mientras yo me quejo de mi vejez, imagino aquellos jóvenes, cuya virtud es su juventud aquellos emocionados por ver el sol ocultarse e iluminar el ocaso. Durante las noches tengo pesadillas seguidas de alucinaciones que desearía que duraran más, esas donde me veo a mi como un padre ejemplar, como el hombre al que admiraba y deseaba con toda mi alma ser, esas alucinaciones me castigan y me hacen cada día más miserable cuando abro los ojos recuerdo lo que soy a causa de mis decisiones, alejado de mi familia por no amarlos ni valorarlos. Y los rayos del sol penetran en mi cara suspiro y deseo morir. mi vida no tiene sentido, esta noche atare una soga a mi cuello y esta carta se convertirá en polvo sobre la mesa
Cartas desde el polvo
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