Cariño mío:
Luego de dos décadas, volví a Comala y subí hasta la colina. A lo lejos, miré
mi hogar hecho añicos. Al entrar, tu nombre se veía en cada rincón. Pensé: Ya
estoy acá, y dispuesto a escribir otra carta más y no ocultar lo que siento
desde tu partida, sin preocuparme del mañana, sino también rememorando cada
ocasión en que te adoré y te perdí. Amarte así, a distancia, es como seguir
aguardando un poco más. Mi alma te recuerda el instante en que te vi y
transformó mi vida.
Desde lejos, mi alma te identifica al instante. Te adoro y voy a dejar frases
en cada sitio que estuvimos juntos; dejé detrás de mi casa una flor para ti. Mi
alma sufre, mas es el pesar de quien te ha buscado sin cesar. Recuerdo nuestra
primera existencia.
Éramos almas antiguas, donde el tiempo no era tan relevante y el sufrimiento no
se sentía tan intenso. Tu corazón era mi refugio y tu voz, la melodía que
siempre cargo. Te extrañé, y mi alma lamenta mucho tu ausencia.
En la siguiente vida, parecíamos
náufragos. Recuerdo tu cuerpo, tu sonrisa, también el pueblo, que era
maravilloso; ahora yace en escombros. Comprendí que el fuego que dejamos solo
era doloroso, pero no te quema, y tu aroma era mi sustento. En esa época, mi
esperanza se desvaneció.
Apareciste como un ser divino, pero la suerte nos hizo una jugada nefasta y nos
separó antes de lograrte, dichoso. Pero ahora, en esta tercera vida, volví a
tener convicción. Regresaste para modificar mi relato enteramente, ofreciéndome
tu afecto y la posibilidad de recuperar la creencia. No podré querer a otra
mujer, porque sé que estaremos unidos, aunque nuestras vidas sean distintas.
El viento soplaba
fuerte y abrió las ventanas y la puerta, y apagó la
llama de la vela. La volvió a encender y aseguró
todo. Justo antes de cerrar el vidrio, estuve un momento mirando.
Aunque no estés aquí, siento tu presencia, tu perfume.
Aún tengo la flor y la cadena, que
me recuerdan el cariño que tenemos. Extraño tu rostro
y tu sonrisa que brillaba más que el sol y también en la oscuridad.
Te amo.
Desde que te fuiste, me
siento perdido. A veces me quedo mirándote tu
fotografía sin decir nada, con ganas de guardar todo
lo que pienso. Recordando cuando llegaba la noche para cuidarte.
Recorté las imágenes, y en esta soledad te mando saludos con el
viento.
Miro al cielo, y ya estoy apuntando los días para verte.
Deseo escuchar tu voz diciéndome que me quieres y perderme en tu
mirada. Ya casi acabo de escribir esta carta; me levanté y
busco la botella de vino . Me serví una
copa y de repente apareció la muerte, que vino a hacerme
compañía. Le invité una copa de vino, brindamos por el alma,
después estrechamos la mano y ella me dijo que
me sentara, que cerrara los ojos,
que descansara y que contara tres, dos y uno
Cartas desde el polvo
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