La casa de los Pedros

La casa de los Pedros

Rommel Soto

27/03/2026

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10 Puntos

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Estimado Pedro:

¿Por qué Comala? ¿Ves esa ruina con portón de jambas escarlatas y marquesina de arena negra? Mírala bonita y bien portada ¡Pos no vayas! Lo que callamos sigue ahí, murmurando. Esas voces revolotean entre las grietas blancas de las fachadas de mero cementerio y las ratas prietas. No importa que el sol ya esté o que el vuelo de los pájaros-reloj#bocadillo y antifaces negros- levante el polvo y la peste de sombras. A lo poco, se te nota el hueco de hambre. Desde Colima, ahí tantito, huelo la nada de tus tripas. 

¡Ah, pero no la mires tantito! No es la mera Hacienda de Nogueras. No es como las otra, adobadas de gusanos y tejas y vigas de madera hueca. No sé ya cómo nombrarlas. Con mascullar y escupir, aparecen así nomás. Hace mucho que vino un hombre. Otro –como – otro Pedro. Y ya te cuento. Todos somos Pedro. Hijos. Primos lejanos quizás. Y te cuento esto pa’ que olvides y no te recordemos. No toques el portón ni las jambas; no respires la cal de la fachada. 

Si te sientas un rato, digamos que, a unos tres metros de la jamba del portón, verás al abuelo Tomás (no le creas, es Pedro Páramo). Él repta y se arrastra por los corredores, por la cocina, por el techo de tejas en noches sin lunas. Toca las rancheras y mariachis favoritos de la Lupita güera. Esas terribles canciones. ¿Las has escuchado? 

¡Ay, Lupita! No es que sea un concertista. Ni de a poquito. Utiliza un clarinete que le trajo ése, el Páramo. Es una suerte de palo mágico para recordarse que Comala no olvida. Cada vez que llega al final del último coro: sonríe, el maldito. Saluda a los demás olvidos y changuitos con pantomimas y besos que despide con la mano muerta. ¡Ah, nuestro fiel carnalito de las tejas sangrientas! 

Don Cristobita también deambula. Prefiere las ruinas del patio interior. Con un carbón dibuja los árboles y arbustos con la precisión de otro Pedro Páramo. No recuerdo si fue de los primeros que nunca salió o de los que se olvidaron de salir por culpa de una jovencita enamorada… 

¡Colimello! Pos ahora recuerdo. Ella, la Lupita. Se deja ver poquito. Se escurre entre las penumbras de la terraza y las brasas calientes del fogón. Si hace un sol de esos que te rompen la calva, escucharás un hilo de voz. Es fino. Un eco de mudez, un olvido de palabras.  No sé si se mofa de mí ¡Escucha! Quedito, quedito; es el gruñido del Volcán de fuego. Y el eco, mi compa. El palpitar. El reverberar de cada aplauso, de esos ojos vaciados de alma, de la sordera, de la mudez. ¡Ay, Pedro, Tomás, Cristobita…! Ella la Lupita saluda y se despide de nosotros. 

Entre la penumbra escuchamos una ranchera que hiede a vacío. The absent silence in this house says…hello#bocadillo. Qué pena, carnal. Ya tienes un lugar en esa piedra… ¿me acompañas? Los días y las noches se olvidan en Comala.

Hasta pronto,

José María Vicente.

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