Cartas desde el polvo Homenaje a Juan Rulfo. Concurso de literatura epistolar desde Comala
Cartas desde el polvo
Cartas desde el polvo
Y las sombras. El eco de las sombras.
Juan Rulfo
Comala es la ciudad en la que habita Pedro Páramo. Al menos, su fantasma. Al menos la proyección del padre de ese hijo que lo busca por una promesa a la madre.
Porque en Comala nadie se va del todo. Las voces persisten, atrapadas en el calor, en el polvo, en una tierra que recuerda incluso lo que nadie quiso decir en voz alta. Cada silencio es una historia inconclusa. Cada sombra, un nombre que espera.
En el 40 aniversario de la muerte de Juan Rulfo, presentamos Cartas desde el polvo, una invitación a entrar en Comala por una rendija nueva: la de un personaje que nunca conocimos, pero que siempre estuvo allí.
Te proponemos inventar un nuevo habitante de Comala y escribir una carta en su nombre. Una carta dirigida a quien haga falta: a un hijo ausente, a un amor perdido, a un muerto que no descansa, o a nadie. Una carta escrita desde la memoria, la culpa, el rencor, la resignación o, tal vez, la esperanza.
Buscamos voces quebradas, palabras secas, confesiones que pesan más que el silencio. Buscamos cartas rescatadas de un arcón en una buhardilla polvorienta, medio borradas por el polvo, escritas por alguien que no sabe —o no le importa— si será leído.
¿A quién le hablan los fantasmas que quedan en Comala?
Escribe la carta. El polvo hará el resto.
Os dejamos aquí el comienzo de la novela para que recordéis esa atmósfera tensa y baldía en la que se desarrolla la historia:
Pedro Páramo
Juan Rulfo
(Comienzo)
Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría: pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo. «No dejes de ir a visitarlo —me recomendó—. Se llama de este modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte». Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas.
Todavía antes me había dicho:
—No vaya a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio… El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro.
—Así lo haré, madre.
Pero no pensé cumplir mi promesa. Hasta ahora pronto que comencé a llenarme de sueños, a darle vuelo a las ilusiones. Y de este modo se me fue formando un mundo alrededor de la esperanza que era aquel señor llamado Pedro Páramo, el marido de mi madre. Por eso vine a Comala. Era ese tiempo de la canícula, cuando el aire de agosto sopla caliente, envenenado por el olor podrido de las saponarias.
El camino subía y bajaba; «sube o baja según se va o se viene. Para el que va, sube; para el que viene baja».
—¿Cómo dice usted que se llama el pueblo que se ve allá abajo?
—Comala, señor.
—¿Está seguro de que ya es Comala?
—Seguro, señor.
—¿Y por qué se ve esto tan triste?
—Son los tiempos, señor.
Yo imaginaba ver aquello a través de los recuerdos de mi madre; de su nostalgia, entre retazos de suspiros. Siempre vivió ella suspirando por Comala, por el retorno; pero jamás volvió. Ahora yo vengo en su lugar. Traigo los ojos con que ella miró estas cosas, porque me dio sus ojos para ver: «Hay allí, pasando el puerto de Los Colimotes, la vista muy hermosa de una llanura verde, algo amarilla por el maíz maduro. Desde ese lugar se ve Comala, blanqueando la tierra, iluminándola durante la noche». Y su voz era secreta, casi apagada, como si hablara consigo misma… Mi madre.
—¿Y a qué va usted a Comala, si se puede saber? —oí que me preguntaban.
—Voy a ver a mi padre —contesté.
—¡Ah! —dijo él.
Y volvimos al silencio.
Caminábamos cuesta abajo, oyendo el trote rebotado de los burros. Los ojos reventados por el sopor del sueño, en la canícula de agosto.
—Bonita fiesta le va a armar —volví a oír la voz del que iba allí a mi lado—. Se pondrá contento de ver a alguien después de tantos años que nadie viene por aquí.
Luego añadió:
—Sea usted quien sea, se alegrará de verlo.
En la reverberación del sol, la llanura parecía una laguna transparente, deshecha en vapores por donde se traslucía un horizonte gris. Y más allá, una línea de montañas. Y todavía más allá, la más remota lejanía.
—¿Y qué trazas tiene su padre, si se puede saber?
—No lo conozco —le dije—. Sólo sé que se llama Pedro Páramo.
—¡Ah!, vaya.
—Sí, así me dijeron que se llamaba.
Oí otra vez el «¡ah!» del arriero.
Me había topado con él en «Los Encuentros», donde se cruzaban varios caminos. Me estuve allí esperando, hasta que al fin apareció este hombre.
—¿Adónde va usted? —le pregunté.
—Voy para abajo, señor.
—¿Conoce un lugar llamado Comala?
—Para allá mismo voy
Y lo seguí. Fui tras él tratando de emparejarme a su paso, hasta que pareció darse cuenta de que lo seguía y disminuyó la prisa de su carrera. Después los dos íbamos tan pegados que casi nos tocábamos los hombros.
—Yo también soy hijo de Pedro Páramo —me dijo.
Bases
Propuesta: la escritura de una carta desde el punto de vista de un habitante de Comala.
Cada participante puede subir una única participación.
La extensión máxima de la propuesta será de 500 palabras.
La convocatoria comienza el 22 de febrero y el plazo de admisión de originales abarca hasta el 31 de marzo de 2026. Las votaciones de los miembros del Club serán del 1 de abril al 15 de abril.
El fallo del jurado se hará público el 30 de abril de 2026.
Para poder acceder a los premios será necesario haber puntuado un mínimo de 5 obras en el periodo de votaciones.
Cada lector podrá ejercer el voto por un máximo de 15 ocasiones.
El Club es un espacio para ser leído y comentado, pero también para leer y comentar las obras de otros. Es también un espacio completamente gratuito en el que aspiramos a la colaboración, a la generosidad y al aprendizaje en un contexto donde priman cada vez más la competencia, el individualismo y la superficialidad.
El jurado tendrá en cuenta los relatos más votados y mejor valorados para elegir el ganador, aunque se reserva el derecho de premiar cualquiera de los relatos presentados en plazo y forma.
El jurado valorará el conocimiento de la obra original, y el uso de referencias que puedan integrarse con naturalidad en el espacio ficcional y poético creado por Rulfo.
Está prohibido el uso de la inteligencia artificial para la escritura de las propuestas. Los textos seleccionados por el jurado serán revisados en este sentido y la organización se reserva el derecho de descalificar cualquier texto que considere oportuno por este motivo.
Cualquier comportamiento poco ético o inapropiado hacia otros participantes del club o que la organización considere que atenta contra las bases de convivencia y participación supondrá la descalificación inmediata del concurso y, en última instancia, el club de escritura se reserva el derecho a la eliminación de la cuenta del usuario.
Las decisiones del jurado son definitivas e inapelables.
El autor no podrá retirar su participación una vez cerrada la convocatoria.
Participar en el concurso implica la aceptación de estas bases.
Premio: Se premiará un único relato. Su autor o autora recibirá 150 € además de una edición conmemorativa de las obras de Rulfo.
Los premiados ceden expresamente a la fundación escritura(s) los derechos de publicación de las obras presentadas en los formatos y condiciones que se determinen, que en ningún caso exigirán exclusividad, pudiendo el autor difundir la obra como prefiera tras su presentación al concurso. Toda difusión por parte de la fundación se hará citando el nombre del autor o la autora.
Puedes consultar las Condiciones generales de los certámenes del Club de escritura, así como el Pacto ético que involucra la participación.
La organización no mantendrá correspondencia sobre las bases del concurso. El participante debe leer detenidamente las bases completas. Puede consultar sus dudas también en Preguntas frecuentes.
RECOMPENSAS Y PREMIOS
