Puede que muchos lo vieran venir, pero nadie quiso creerlo. Ahora ya no creeremos, no veremos ni oiremos. Ni hablaremos, ni pensaremos… Nada.

Comenzó antes de que yo y muchos como yo naciéramos. Aquellos primeros aparatos de los que solo el ejército disponía y que, en medio mismo de la contienda, cargaban a la espalda los operadores de radio. Para después, más pequeños, manejables y perfeccionados, instalarse a vivir en las manos de casi todos nosotros. Algo necesario, algo arbitrariamente hecho necesario. Con solo un dedo podías abrir  las ventanas del mundo… the windows. Y la tuya, tu ventana… siempre abierta.

Aquellos primeros teléfonos móviles.

Más tarde, en el futuro, digo… en el pasado, llegarían a ser parte integrante de nuestros cuerpos, de nuestro cerebro. Simbiosis tecno-biológica, simbiosis entre realidad y ficción; que finalmente alcanzaría a todos y cada uno de los seres humanos. Incluso a los sectores más pobres, apartados, marginados y hambrientos… desesperados. Ellos de hecho, y cómo no, serían las cobayas.

Ahora no sé quién o qué, maneja a qué… o a quién.

Todo empezó siendo casi un juego. Un gran paso, un adelanto sin precedentes. Ironías de la vida. Una utopía convertida en realidad. Todas las mentes del planeta pensando al unísono.

Tanto tiempo investigando si sería posible, y cómo lograr la comunicación telepática y finalmente también llegaría de la mano de la tecnología. Total… una cosa más. Sólo tenías que pensar en algo, como desear comunicarte… casi cualquier cosa, y la virtu-real masa cerebral lo hacía común e inmediato. Peor, si no querías… también sucedía.

Ciencia, arte, filosofía… ¿amor! Todo al alcance de todos. Nada de nadie. Uno… no existe.

Fax, multimedia, televisiones, ordenadores… todo quedó obsoleto, cuando casi todo se podía hacer desde y con la propia mente. No nos convirtieron, nos convertimos. Convertidos en un fantástico y todopoderoso artilugio móvil modelo TRZ3.7.

Cerca estaba  incluso, vaticinaban los <<sabios>>, el teletransporte de la materia orgánica, del propio cuerpo. El súmmum a solo un modelo de distancia: el TRZ3.8.

Ni siquiera recuerdo ya el día en que mi cerebro dejó de regir mis actos, mis deseos, mis ideas y pensamientos… mis movimientos. Todo.

Y ahora, sin quererlo soy yo el elegido. Estando a millones de Kilómetros de distancia soy el testigo, el invitado de honor. Una fracción de segundo más es mi aliado; y mi enemigo. Obligado espectador del último suspiro nano-energético. Fallo de cálculos. Y después nada. Silencio. Miles de millones de cuerpos disvivos como fondo del paisaje. Demasiada responsabilidad para unos circuitos <<demasiado>> inteligentes.

Tres ,dos, uno…

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