Shu, era un rey, un rey de oriente, un rey noble, verdaderamente noble, pero no siempre había sido así. Pero, vayamos atrás.

Corren los años 50 A.C. y Shu, se encuentra en casa, una vieja casona familiar, heredada del padre paterno de Shu, una casa confortable pero, con mucho por reparar, maderas fuera de su sitio, pinturas desconchadas, techos caídos, humedades y roturas era el día a día de Shu y su madre, su querida y amada madre, Marian.

Marian era una mujer débil, de carácter débil, había heredado la casona de un padre, amoroso y cariñoso, un padre que siempre había querido a su única y amada hija. Un padre que siempre había sido sustento del hogar, era heredero de una dinastía muy conocida por aquellos lares, una familia, buena, que había hecho riqueza a base de duro trabajo, y de ahí, la había heredado Marian.

Pero continuemos, Marian y Shu vivían, sin riquezas, Shu era el heredero de la dinastía pero, corrían tiempos en que, el pillaje, el robo y la avaricia, hicieron que a Marian, la despojaran de todo aquello que, por derecho propio le pertenecía, la herencia de su compañero, su amor y su rey, Su querido y amado amante. No era fácil. Nada fácil. Nunca fue fácil unirse a su primo Nestor, por amor. Ambos estaban inmensamente enamorados, pero solos, inmensamente solos. Nadie de aquella opulenta familia, creyó en su amor. Sólo ellos. Y su querido hijo Shu. Los tres.

Eran tiempos felices, tiempos de bonanza, tiempo de amor, inmenso amor entre Marian y Nestor, se querían, se amaban y cuidaban, se acompañaban. Marian, esa Marian, rubia de ojos almendrados, creía vivir un sueño pero, un día despertó. Un día despertó. Ese día en que llegó el enviado del rey «su marido, ha sido llamado a filas»»nos lo llevamos». Ella no podía creer, que esa guerra entre la familia de su marido y la suya, llevara a quedarse sola, inmensamente sola con Shu.

Nunca más se supo nada de Nestor. Sólo una llamada, su marido, su marido ha sido asesinado, y Marian… la querida Marian, ese día, perdió, y no solo un marido. Perdió la ilusión, perdió un trozo de corazón y su salud, su salud empezó a quebrarse como quiebra el árbol partido por el viento. Ese día Marian, empezó a perder su cabeza, ya no era alegre, comenzó a volverse arisca, solitaria, introvertida y Shu quedó doblemente solo, su madre, su madre ya no sera su madre, y su padre, ya no era su padre. Shu, tuvo que aprender a salir adelante, sin la riqueza de papá porque… su familia, aprovechó, y abusó, usó su poder y los dejaron si la legítima herencia familia !su venganza se había consumado!

Sin embargo Shu, siguió con mamá, en casa, y trabajando, duro, él sólo contaba con su sangre, su apellido y contactos, pues, el dinero se les había acabado y su familia los dejó en la auténtica ruina y Marian ya no sentía, ya no padecía, Marian vivía pero sin vivir, era un cadáver y a merced del viento. Marian era nada, de lo que había sido. Una mujer apagada. Pero su hijo no se rindió.

Un día, paseando, Shu se encontró con un misterioso señor, un señor que llevaba un libro en la mano, el trabajo, una historia de un trabajo mágico, sólo tuyo. Shu creía conocer a ese señor de algo pero, nunca lo había visto, al menos, en este plano. Y se encontraron…

– !Shu! Ya no te acuerdas, no te acuerdas de mí. !No me recuerdas Shu!

– Perdone señor, creo que se ha equivocado, no lo he visto en mi vida. Lo siento.

– Tú eras sólo un niño, vivías con papá y con Marian, mi querida Marian. Shu, tú eras especial, eras un niño muy especial, y ahora eres un hombre, un gran hombre. Vamos. Siéntate.

– ¿Qué lee señor…?

– Merlín, llámame Merlín.

– ¿Qué lee Merlín?

– Poco importa Shu. Te voy a decir, tu trabajo. A partir de ahora, a partir de este momento, de aquí, empezarás a notar, momentos mágicos. Tú eres un hombre especial. Tú empezarás a trabajar. Serás el rey Shu, un rey que un día despojaron de todo… a partir de ahora harás de toda la región, un lugar próspero. Un lugar para habitar, la gente te quiere. Te adora e idolatra !recuérdalo Shu!

Aquél día Shu empezó a recordar. !Se trataba del mentor de papá, del consejero de la corte! Ese Merlín !era el Maestro de papá! Nunca se lo podría haber imaginado. Merlín !seguía vivo!

Y Shu comenzó a recuperar su valor, a moverse por el reino y recuperó lo que le había usurpado. A partir de aquél día. Shu empezó a trabajar, pero su trabajo, no era pagado, él trabaja para el pueblo, se debía a su pueblo. Era un rey bueno, un rey que comenzó a tratar a todos, con amor, y recuperó su verdadera corona. No en la cabeza. En el alma. A pesar de que era rey. Era un rey justo. Un rey que ayudaba a todos. Un rey que repartió las posesiones.

Marian, Marian falleció con una sonrisa. Ese mismo día. Ese día en que su hijo recibía la corona, una sonrisa después de decir a Shu.

Hijo mío. Estoy orgullosa de ti. Eres un rey justo. Como tu padre hubiera querido. Nunca olvides que tu trabajo a partir de ahora será que la sangre familiar, que la corona, se herede a quien la merece. No permitas nunca que nadie te arrebate lo que te pertenece por derecho propio. Cuídate mucho hijo mío. Cuídate y te espero. Y así fue que Shu empezó a reinar con justicia. Así fue como el trabajo de rey volvió a los hombres justos. A los hombres buenos. Por siempre y para siempre. Ya no quedaba nada de lo que antaño había sido tiempos oscuros por aquellas tierras. La tierra del espejo… Todo cambió. para siempre.

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