—El veintidós ya es historia, no le des más vueltas. Caso cerrado.

Mi jefe empuja el cajón metálico y el cadáver desaparece tras la impoluta puerta blanca. No sé si es por la minúscula gota de saliva que se le escapa, o por el instante en que le tiembla el labio al pronunciarla, pero la frase se me queda remoloneando entre las tripas. Algo huele a podrido y no solo es el perfume del depósito.

Me insinúa días libres como una advertencia. El veintidós es solo otro muerto. Yo tengo una vida por delante. Mejor viajar que remover la mierda.

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