Una puerta de separación, eso y mil diferencias, pero era perfecta.

Mientras terminaba de impartir mi taller, ella acudía a uno de escritura. Nunca me gusto demasiado, pero decidí participar por conocerla. Y aquellas diferencias se hicieron minúsculas frente su elocuencia, su sentimiento al expresarse, me atrapó por completo, y ya nunca más me soltó.

Cruzar aquella puerta fue la mejor decisión de mí vida.

Conseguí una maravillosa amiga a mi lado, y al amor de mi vida, la escritura.

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