Miles de libros, cientos de palabras, decenas de frases, sietes personas, una clase: la misma pasión.
“Las palabras habladas se las lleva el viento, las escritas quedan para siempre”. El profesor se sentó y no dijo nada más. Nos miró a los ojos, uno a uno, levantó un papel y nos mostró una fotografía.
- – Esta es Julia. Leed sus ojos y escribid su historia. 300 palabras.
Y así, es como aprendí a leer las miradas. Y así, es como aprendí que los ojos cuentan historias.
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