El instante antes de levantarme, cuando mi cuerpo todavía descansa en calma, imagino todo lo que haré a lo largo del día.

Será un día lleno de sonrisas y buenos momentos. Productivo, luminoso, de esos que terminan con una sensación de plenitud y felicidad. Sacaré tiempo para escribir y las palabras brotarán como agua de una cascada. Llenaré páginas y páginas de esa novela que tengo abandonada, aunque ella, por supuesto, no me lo reprocha.

Iré a trabajar y mis compañeros estarán sonrientes, amables, casi sospechosamente encantadores. La comida me sentará bien. Por la tarde estaré con mi pareja, deleitándome en esa sonrisa que me enamoró y pensando en la suerte que tengo de tenerle a mi lado.

En apenas unas milésimas de segundo imagino la perfección absoluta del día. Nada podrá arruinarlo.

Entonces, ilusionada, me dispongo a salir de la cama.

El instante después de levantarme, me sobreviene un estornudo y una cascada de pis fluye, ingrávida, por mis piernas. La realidad tiene un sentido del humor bastante particular y, de paso, me recuerda que me hago mayor.

Quizá mañana, en ese instante antes de levantarme, incluiré un poco más de realismo.

Etiquetas: microrrelato

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