El telediario muestra la naturaleza humana.

El telediario muestra la naturaleza humana.

Darío Capas

16/09/2026

Dicen, y dicen bien, que toda guerra se crea para arrebatarle al otro lo que tiene, eso sí, con toda la justicia de este mundo y la del más allá. Se hacía y se hace de la forma que sea, sin demora y sin medida. Bien fuera para conseguir algo básico como una cueva para vivir, como la de Altamira, y ahora se continúa situando bases de investigación en la cara oculta de la Luna. Y basta decir que se codicia más de lo que se puede abarcar.

Por este motivo siempre ha habido intereses, luchas de poder, batallas y sometimiento. Y por ese motivo siempre los habrá. Está en la naturaleza humana, en la de los animales, en la de los insectos y hasta en la de las plantas. Unos por ansias de poder, otros por pura supervivencia y a otros se lo impone su instinto. Cada uno según su propia naturaleza. Todos y cada uno de los seres vivos que hay en este planeta tienen que enfrentarse a los intereses de otros y pelear por ellos.

Aunque vivamos en una época como la actual, en la que hay paz entre la mayoría de los países, salvo casos contados como Ucrania contra Rusia, Israel-EE. UU. contra Irán y otros menos famosos, una aparente paz está presente. Podemos navegar por internet y por las aguas de los océanos con relativa facilidad. Podemos visitar una ciudad virtualmente y después físicamente.

Ahora las gafas de realidad virtual ya nos permiten ver y escuchar. Tan solo falta un casco integral que genere olores y sabores y un traje que nos transmita sensaciones de calor y frío, suavidad y aspereza, sequedad y humedad, sobre todo en las manos y los pies, y hará que empecemos a no distinguir con claridad lo que es real de lo que no lo es. Como en Matrix.

Ahora mismo el pueblo de Ceuta se debate entre acoger o rechazar a los que ya, a estas alturas, no son recién llegados. ¿Les damos cobijo para que no vivan como animales o les arrojamos por donde vinieron? ¿Serán trabajadores y se adaptarán o seguirán con sus leyes tribales que consideran enemigo al del otro lado del valle? ¿Seremos capaces de convencerlos y someterlos a nuestras democracias o nos acabarán conquistando y adoctrinando ellos a nosotros?

Marruecos afirma colaborar con el gobierno de España, pero el gobierno de España no parece colaborar con sus gobernados. Todo acabará enseguida en cuanto llegue el año que viene o el otro. El partido de la oposición se opone, pero sin tensionar en exceso, y el que quiere tensionar y correr el peligro no puede hacerlo sin los que lo evitan. Europa está ahí, tan cerca que casi la podemos tocar, pero incapaz a su vez de oler la realidad de las playas y de las calles de Ceuta, y menos aún de sentir el miedo y la desesperación. Pero apoya con entusiasmo. Su puño cerrado está a la altura de la cabeza de manera que se note la tensión en el cuello y la cara con una sonrisa dura.

Todos hablan y filman una realidad igual, pero de múltiples caras. La del que llega y besa el suelo, la del policía que no es capaz de contener la oleada y el militar que felicita a un joven africano por haber llegado a la libertad. Muchos jóvenes y de mediana edad, algunas familias al completo y niños y niñas que, o viajan solos, o se han perdido de sus familiares. Ahí están los que los apoyan en su migración hacia la tierra prometida y los que los miran con recelo y los rechazan.

En las primeras horas los ceutíes reparten agua, comida, mantas y esperanza, hasta que se dan cuenta de que los que llegan son tantos como ellos. Las calles se convierten en ríos de gente, parece que llovieran del cielo al igual que en una tormenta a cielo abierto. Lo que en un principio era el agua esencial para la vida, manos trabajadoras muy necesarias, se convierte en un torrente que arrasa todo a su paso. Parece que ha llegado otra «gota fría» a España.

Al cabo de unos días, tres de cada cuatro que entraron en avalancha se van, pero uno de cada cuatro de muchos son demasiados. Casi todos vienen con una mano delante y otra detrás. Si se pudieran mantener ellos mismos no habría problema, incluso sería una buena inyección para la economía. El problema es que son como un ejército que necesita tres comidas al día, dónde dormir, dónde asearse, ropa limpia y medicinas. Día tras día tras día. Menos ingresos y más gastos.

Llega un momento en que uno empieza a evaluar los últimos diez años y me vienen a la cabeza situaciones como la pandemia, las leyes progresistas, la DANA, la confección de las listas del paro, los autónomos, los meses que tenemos que trabajar hasta que podemos ganar para nosotros, el volcán de La Palma, los incendios, los trenes, nuestra educación y sanidad y la Justicia, que parece que se monta en tren para funcionar.

Por lo tanto, y viendo la suerte que han corrido muchos españoles en estos tiempos tan difíciles, me empiezo a plantear, de forma seria, en qué lado debo estar. En el que defiende a los que mandan y da por buenos sus datos o razones, o del lado de los que salen a la calle y atacan al Gobierno dando por fiables las razones de los que los quieren echar. Porque veo que en la senda del medio cada vez hay menos hueco.

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¿España va bien como dice el Gobierno o es todo un desastre como dice la oposición?
¿Gobiernan y hacen oposición para los españoles o para sus propios intereses?
¿En Ceuta priorizamos la «humanidad» o hacemos que se vayan por donde han venido? Deja tu opinión y enriquece el debate.
Muchas gracias.
Darío.

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