Introducción
En la antigua Grecia, el maestro no era solamente quien impartía conocimientos: era quien dejaba una huella en el pensamiento y en la vida de sus discípulos. Sócrates enseñaba desde el diálogo; Platón, desde la reflexión; Aristóteles, desde la observación y el razonamiento. El verdadero maestro trascendía el aula porque continuaba viviendo en aquello que sus discípulos aprendían, pensaban y hacían.
En Piura tuvimos también maestros de esa estirpe. Juan Antón y Galán fue uno de ellos.
Su magisterio, su vida estuvo íntimamente ligada a la educación, a la lengua, a la literatura y a la cultura de Piura. Fue maestro de varias generaciones y uno de aquellos intelectuales que entendieron que enseñar no consistía únicamente en transmitir conocimientos, sino en despertar curiosidad, formar criterio y enseñar a mirar la realidad con inteligencia y sensibilidad.
1. Biografía
Nacido en Vice, en el Bajo Piura, el 12 de junio de 1928, Antón y Galán llevó consigo la experiencia de una tierra profundamente vinculada a la tradición, al lenguaje popular y a la memoria colectiva. Realizó sus estudios secundarios en el histórico Colegio Nacional San Miguel, institución a la que regresaría posteriormente como docente y director. Allí comenzó una relación con el magisterio que habría de prolongarse durante décadas.
Su formación intelectual fue amplia. Estudió Historia en la Universidad Nacional de Trujillo, realizó una segunda especialidad en Lengua y Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y siguió estudios de posgrado en la Universidad de San Juan de Puerto Rico. Esta formación explica, en buena medida, la amplitud de sus intereses: la historia, la lengua, la literatura, el folklore y la cultura regional convivieron en su pensamiento sin fronteras rígidas.
Pero fue en las aulas donde Juan Antón y Galán encontró quizá su más auténtica forma de realización. Como catedrático asociado a dedicación exclusiva de la Universidad Nacional de Piura, ejerció durante décadas una docencia que dejó profunda huella entre sus estudiantes. Su nombre quedó especialmente asociado a los estudios de lengua y a la cátedra de Lengua I y II y Morfosintaxis del Español. Dicto también la cátedra de la lengua castellana del Seminario Arquidiocesano “San Juan María Vianney” de Piura. Quienes lo conocieron lo recuerdan no solamente por sus conocimientos, sino por aquella combinación de rigor, ironía, lucidez y pasión pedagógica que hacía de sus clases verdaderos ejercicios de formación intelectual.
un forjador de profesionales. Desde las aulas del San Miguel y posteriormente desde la Universidad Nacional de Piura contribuyó a formar generaciones que luego ocuparían distintos espacios de la vida profesional, educativa y cultural de la región. Su enseñanza no terminaba cuando concluía la clase: quedaba en la manera de escribir, de hablar, de leer y de comprender la realidad.
2.La obra intelectual del maestro
Pero reducirlo a la condición de profesor universitario sería injusto. Antón y Galán fue también un hombre de letras y un periodista de larga trayectoria. Durante aproximadamente 44 años escribió en periódicos y revistas como El Tiempo, Correo, La Industria de Piura y Trujillo y Época. Desde esas páginas cultivó temas lingüísticos, literarios y folklóricos, convirtiendo el periodismo en otra de sus aulas.
La producción intelectual del maestro Antón y Galán refleja las dos grandes preocupaciones que marcaron su vida: por un lado, la necesidad de conservar la memoria, las costumbres y las tradiciones de Piura; y, por otro, su permanente preocupación por el correcto uso de la lengua y por hacer de ella una herramienta de formación. Su obra se mueve, así, entre la literatura, la tradición oral, el folklore, la gramática y la enseñanza, revelando la dimensión de un maestro profundamente vinculado con su tierra.
En el ámbito de la narrativa y la tradición oral, una de sus obras más representativas es Leyendas Piuranas, publicada en formato de libro antológico en 2002
por Sietevientos Editores.
Esta obra reúne parte de ese universo de relatos transmitidos de generación en generación y constituye un esfuerzo por preservar, mediante la escritura, una memoria popular que forma parte del patrimonio cultural de Piura.
A esta vertiente pertenecen también Daños, relato costumbrista publicado originalmente en 1978; El Churuco, cuento de carácter folclórico aparecido en 1979;
y Relatos Piuranos, compendio narrativo publicado en 1984.
En estas obras, Antón y Galán dirige su mirada hacia la vida cotidiana, los personajes, las costumbres y las expresiones propias del mundo piurano. Su literatura no busca únicamente entretener: recoge voces, escenas y formas de vida que forman parte de la memoria colectiva.
En 1988
publicó Apuntes Folklóricos, una serie de trabajos de carácter costumbrista en los que profundiza en manifestaciones de la cultura popular. Posteriormente, en 1995, apareció Personajes de San Miguel, obra particularmente significativa por su relación con la institución educativa en la que ejerció la docencia. Allí reunió crónicas y semblanzas dedicadas a maestros y alumnos vinculados al histórico Colegio San Miguel de Piura, contribuyendo a preservar la memoria de quienes formaron parte de aquella comunidad educativa.
Esta preocupación por registrar la memoria no fue circunstancial. En Antón y Galán existe una concepción de la cultura como algo que debe ser recogido, estudiado y transmitido. El relato oral, la anécdota, el personaje popular, la costumbre y la palabra cotidiana podían convertirse en fuentes para comprender la identidad de una sociedad. De allí que su producción literaria y folklórica tenga también un valor documental para quienes estudian la cultura tradicional piurana.
3.La lengua como aula permanente
La segunda gran vertiente de su producción corresponde a la lingüística, la gramática y los textos didácticos. Esta faceta está estrechamente relacionada con su experiencia como docente y, particularmente, con su labor académica en la Universidad Nacional de Piura. Muchas de sus reflexiones sobre el idioma circularon inicialmente a través de sus conocidas columnas de orientación y corrección lingüística en publicaciones periodísticas como Época, Correo y La Industria.
Su interés por la lengua quedó plasmado en El acento y sus leyes, manual publicado originalmente en 1981,
donde aborda aspectos relacionados con la pronunciación y la acentuación. Posteriormente apareció Antónimos, Sinónimos y Percentil, en 1985,
concebido como material de apoyo para estudiantes escolares y preuniversitarios.
Una de sus propuestas más conocidas fue Cosas del Idioma. El trabajo nació como una columna dominical dedicada a comentar, explicar y corregir usos del lenguaje en el diario Época, para posteriormente ser reunido en forma de folleto. La propuesta tenía una característica esencial: convertir las dudas cotidianas sobre el idioma en una oportunidad de aprendizaje. Antón y Galán podía detenerse en una palabra, una expresión o un error frecuente para explicar su origen, significado o utilización correcta.
A esta preocupación pertenecen también Diálogo de Lengua, publicado en 1991, y Apostillas Gramaticales, aparecido en 1994, obras en las que continuó desarrollando sus reflexiones sobre el uso del español y la corrección idiomática. Finalmente, Ortografía, publicado en 1998, reúne sus preocupaciones didácticas alrededor de las normas y principios que orientan la escritura correcta.
Vista en conjunto, esta producción permite comprender mejor la personalidad intelectual de Juan Antón y Galán. Para él, la lengua no era una materia fría ni una colección de reglas gramaticales. Era una expresión de la cultura, de la identidad y de la capacidad humana para comunicarse. Por eso podía transitar con naturalidad de la gramática al folklore, de la literatura a la tradición oral y de la corrección idiomática a la historia de los personajes de su querido San Miguel.
Su obra constituye, en consecuencia, un puente entre la academia y la cultura popular. Desde las aulas universitarias enseñó las estructuras y normas del idioma; desde sus libros y artículos recogió las voces de Piura; y desde el periodismo convirtió la lengua en una preocupación cotidiana de sus lectores.
Ese doble ejercicio —enseñar la palabra y conservar la memoria— explica buena parte de la trascendencia de Juan Antón y Galán. Fue un maestro que entendió que detrás de cada palabra existe una historia y que detrás de cada relato popular existe también una parte de la identidad de un pueblo.
En este sentido, su trabajo adquiere una dimensión que hoy resulta especialmente importante: Antón y Galán ayudó a conservar la memoria de una Piura que comenzaba a transformarse aceleradamente. Registró palabras, personajes, costumbres, relatos y tradiciones que podían perderse en el tránsito entre generaciones. Su escritura fue, de alguna manera, una forma de resistencia frente al olvido.
Por ello, acercarse hoy a su obra no significa solamente revisar la bibliografía de quien fuera un profesor universitario. Significa entrar en contacto con el esfuerzo de un intelectual que dedicó buena parte de su vida a enseñar a los piuranos a hablar, escribir, leer y, al mismo tiempo, reconocerse en la cultura de su propia tierra
4. La dimensión humana del maestro
Hay, además, una dimensión humana que merece ser destacada. Antón y Galán fue discípulo de grandes maestros sanmiguelinos y supo reconocer en ellos la importancia del magisterio. En una hermosa remembranza dedicada a Carlos Robles Rázuri, su antiguo profesor, recordó al maestro que llegaba al viejo San Miguel con sus libros bajo el brazo y una profunda vocación de servicio. En esas palabras podemos encontrar también un retrato indirecto del propio Antón y Galán: el discípulo que aprendió de sus maestros el valor de enseñar.
Godos Curay (2003) lo definió como un humanista, resaltando su dedicación a la enseñanza y al cultivo de las letras. Esa definición parece especialmente justa. Antón y Galán no fue solamente un especialista en lengua ni únicamente un profesor universitario. Fue un intelectual que entendió la cultura como una unidad: la palabra, la historia, la literatura, la tradición y la memoria de un pueblo forman parte de una misma identidad.
Entre las muchas anécdotas que sus antiguos alumnos conservan de Juan Antón y Galán hay una que revela, con humor, algo de su propia personalidad. Se cuenta que alguna vez explicó por qué había decidido llevar el apellido “Antón y Galán”,
incorporando deliberadamente esa conjunción que no era indispensable. Según relataba el propio maestro, lo hizo porque el “y” sonaba más bonito, más elegante, con cierta nobleza e importancia.
Podría parecer una simple ocurrencia, pero detrás de aquella explicación había también una forma muy suya de entender la palabra y hasta su propia identidad. El maestro sabía del poder sonoro de las palabras y de la manera en que una pequeña conjunción podía cambiar la música de un nombre. Había, además, una saludable dosis de humor y autoafirmación: Antón y Galán no solamente llevaba un nombre; había decidido darle una sonoridad que, a su juicio, estaba a la altura de quien lo portaba.
Era, en cierto modo, un pequeño autoelogio convertido en anécdota. Y quizá precisamente por eso sus alumnos lo recuerdan: porque detrás del profesor riguroso aparecía el hombre ingenioso, consciente de su personalidad y capaz de reírse incluso de sí mismo.
5.La partida del maestro
Murió en Piura el 12 de octubre de 2009. Un día, el maestro partió y las aulas que tantas veces escucharon su voz quedaron en silencio. Pero los maestros de verdad no se marchan del todo. Juan Antón y Galán dejó su presencia en sus libros, en sus páginas, en sus palabras y en aquella voz que durante tantos años enseñó a comprender el idioma, la literatura y la cultura de Piura.
Quedó también en la memoria de cientos de alumnos que tuvieron el privilegio de sentarse frente a él, escuchar sus lecciones, compartir sus ocurrencias y descubrir, a través de su enseñanza, que una clase podía ser también una experiencia para la vida.
Hoy, cuando tantas veces se habla de educación en términos de resultados, competencias y estadísticas, recordar a Juan Antón y Galán significa recuperar otra idea del maestro: la del educador que deja una huella interior. Aquel que enseña una regla gramatical, pero también enseña a pensar; aquel que explica una palabra, pero revela detrás de ella una historia; aquel que habla de literatura y termina hablando de la vida.
Pasaron los años, cambiaron las generaciones y muchas de aquellas aulas ya no son las mismas. Sin embargo, la palabra del maestro continúa caminando entre sus discípulos. Está en quienes aprendieron de él, en quienes conservaron alguna de sus frases, en quienes todavía recuerdan su manera particular de explicar una palabra o contar una historia. Está, asimismo, en sus libros, donde su pensamiento encontró una forma de permanecer.
Porque esa es quizá la verdadera victoria de un maestro sobre el tiempo: partir un día de este mundo, pero quedarse para siempre en la memoria de quienes aprendieron de él. Juan Antón y Galán se fue físicamente aquel 12 de octubre, pero su voz no enmudeció. Permanece en sus obras, en sus discípulos y en la memoria cultural de Piura. Y mientras alguien vuelva a abrir uno de sus libros, recuerde alguna de sus enseñanzas o pronuncie su nombre con gratitud, el maestro seguirá entrando nuevamente al aula.
Por eso su nombre pertenece a la historia intelectual de Piura. Y quizá esa sea la mejor manera de recordarlo: como un maestro que enseñó la palabra, pero que, sobre todo, enseñó a comprender el mundo que había detrás de ella.
Rudy Mendoza Palacios
©2026
En San Miguel del Villar , a días de agosto de 2026
OPINIONES Y COMENTARIOS