Dicen que donde hubo un inicio,

también nace un final.

Y en el silencio de lo no dicho,

se escribe el último versar.

Entre historias contadas,

entre líneas que duelen,

unos dicen: “sí, es doloroso”,

otros: “solo es pasajero”.

Pero yo…

yo lo dejo en esta carta.


Un amor no correspondido,

una Dulcinea lejana,

una Quimera que se escapa

entre ilusiones desgarradas.

Entre rechazos e inseguridades,

aprendiendo a comprender,

que no todo lo que el alma siente

puede el destino corresponder.


Soy aquel de perfil bajo,

el que pocos logran ver,

el que habla más escribiendo

lo que no sabe decir en voz.

No soy perfecto,

ni pretendo serlo,

solo busco almas sinceras,

calidez…

y algo real en su reflejo.

Porque creo en tres cosas simples

que lo son todo al amar:

sinceridad, confianza y perdón,

lo demás… es solo hablar.


Y aquí estoy,

escribiendo lo que nunca dije,

dejando en tinta lo que el alma

tantas veces me repite.

Desde el primer día que la vi,

algo en mí cambió,

en sus ojos encontré preguntas

que mi corazón respondió.

Quise conocer su mundo,

sus heridas, su temblor,

y entender por qué los mismos humanos

lastimamos al amor.


Tal vez fui imprudente,

tal vez me adelanté,

tal vez confundí silencios

con lo que quise creer.

Porque en cada intento mío

iba el alma sin medida,

regalando detalles pequeños

como si ya fuera su vida.


Pero hoy entiendo…

no todo es como se sueña,

ni todo lo que se entrega

encuentra un lugar donde quedarse.

Y aunque di sin condiciones,

aunque fue con buena fe,

no era el lugar…

ni el momento…

ni era yo, tal vez.


Perdón si incomodé tu espacio,

si confundí tu paz,

si mis palabras insistentes

te hicieron dudar o temblar.

Nunca hubo mala intención,

nunca hubo oscuridad,

solo un corazón sincero

que no supo cuándo parar.


Pero aun así…

gracias.

Gracias por cada instante,

por cada risa sin querer,

por el tiempo compartido

que no vuelve a florecer.

Porque entendí en tus detalles

lo que es querer de verdad,

en ese cosquilleo del alma

que no se puede explicar.


No eran mariposas,

era algo más profundo,

era el alma reconociendo

que ya no estaba en su mundo.

Me bastaba con verla,

escuchar su voz,

para sentir que todo

tenía sentido en mí.


Gracias por las pequeñas cosas,

por lo simple y lo real,

por los gestos que guardo

en lo eterno de mi interior.

Por las sonrisas,

las manos,

los instantes sin razón…

y esos labios que, sin saberlo,

dejaron marca en mi corazón.


No puedo decir “te amo”,

sería mentir quizá,

pero sí puedo decirte

que te quise de verdad.

Y hoy… me rindo.

No en derrota,

sino en comprensión,

entendiendo que amar también es

saber soltar al amor.


No soy quien tú esperas,

ni quien tu vida eligió,

pero deseo que quien llegue

te valore mucho más que yo.

Que te cuide,

que te entienda,

que te abrace sin cambiarte,

porque quien ama de verdad

no busca transformarte.


Cuídate…

abrígate…

alimenta tus sueños sin temor,

recuerda siempre:

vales más que todo el oro

que existe en este mundo,

y aún más…

que cualquier dolor.

Y si algún día recuerdas

a este loco soñador,

solo piensa que en silencio

te deseó lo mejor.


Porque si tú eres feliz…

entonces, de alguna forma,

yo también lo soy.

Mi ultimo verso
«Te quiero, Mucho»



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