Cartas Imposibles

Te escribo para comentarte algunas cosas tontas. Por ejemplo, las luces que han puesto para Navidad parecen diferentes, pero de lo que casi estoy seguro es de que hay más. A tu hermano no le gustan, dice que son feas; y aunque parece que ha encajado bien tu marcha, supongo que no será así de fácil y en su interior él sabrá.

Hemos perdido unos kilos todos —no demasiados, no te preocupes—, intentamos acostumbrarnos a la nueva vida. La carga de trabajo ahora es diferente: sigo limpiando con regularidad, como siempre hice, pero ahora tengo que hacerme cargo de tu parte, que era la más pesada y complicada sin ninguna duda.

Echamos de menos los silencios de «Alexa» con tu música característica y, por supuesto, tus cánticos y gorgoritos, de los cuales alguna vez te dijimos que no eran horas. El coro, tu coro, da estos días el concierto de Navidad. Me han invitado y me han dicho que tú estarás cantando con ellos, pero yo aún no me atrevo a asistir.

Decirte que tenías razón: a la lavadora le entraba poca agua, y estos días que la estoy poniendo yo, acabó por no entrar nada. Pero ya está solucionado. Llamé al técnico y me dijo cómo tenía que limpiar un filtro que la otra vez no encontré; todo sin gastarme un euro.

Los días pasan lentos y son fríos y solitarios. La otra noche, paseando por el pueblo, solo y con frío, me acordé de aquellas veces que iba fuera con los excompañeros del ejército. Aquellas veces que marcaba tu número y enseguida tú te ponías al otro lado, aunque estuvieras lejos. Tu voz me reconfortaba, pero ahora tu teléfono te lo has dejado en un cajón del mueble de la salita, y apagado. No sabes lo que echo de menos discutir y enfadarme contigo. Bueno, mutuamente…

Espero y supongo que por ahí por donde andas habrás encontrado a mucha gente conocida; siempre decimos que los de este pueblo se encuentran por todas partes, por lejos que vayas. Sabes, uno ya no cree en nada y, como nadie vuelve para decirlo, la verdad es que no lo sé. Por aquí se te echa mucho de menos y espero que, cuando yo vaya, me sigas esperando. Solo entonces sabré qué hay detrás de esa frontera tan fácil de cruzar hacia un lado, pero imposible hacia el otro.

Temo que con tanta gente no te encuentre y me jodería mucho, porque si tu ausencia, con tan poco tiempo, se me está haciendo larga, sería una putada que encima tardara en volverte a ver. Pero bueno, parece que al final la vida es eso: una sucesión de putadas. Y hasta que nos volvamos a encontrar, te iré escribiendo estas “cartas imposibles”, por si tuvieras ocasión de leerlas…

Etiquetas: relato corto

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS