Es dificil decir de quién hablo cuando escribo, si me lo preguntan, puedo estar hablando de ti o de todos.
Recuerdo un texto en el que hablé de cuatro personas como si fuera uno. Ese día fue caótico, en especial porque no es tranquilizante saber que las personas con quienes elijo estar se parecen tanto, ricos en lenguaje, expertos en adornar las cosas que dicen, se les hace facil tener una charla profunda, les gusta el jazz, blues, metal, lo alternativo, son músicos, les gusta la guitarra o el piano, con un grupo de amigos hombres con quienes sacan su lado más vulgar, con una ferviente necesidad de «conquistar» y con una idea arraigada de que si me dan todos los detalles del mundo estoy obligada a corresponderles de alguna forma, con ese impulso de idealizarme y ponerme en un pedestal, pero cuando les digo que no entonces soy la loca o la que estuvo mal.
Quiero creer que son los hombres con los que elijo estar y no la constante en la mayoría de hombres con las que nos topamos las mujeres, porque si no es así prefiero estar sola.
Recuerdo cuando alguién asumió que uno de mis textos se relacionaba con él, y me quedé pensando en sí cualquier hombre que lea mis escritos puede sentirse identificado…
Actualización de mis elecciones: ya no me pasa, pero ese actuar me acompañó por mucho tiempo.
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