Triangulo de amor bizarro
Un triángulo de amor bizarro, escuchaba en una canción,
con sus aristas y vértices de perdición.
La verdad es que, al igual que en la matemática y en el amor,
nunca he sido el que sabe un montón…
He aprendido de manera práctica:
ensayo y error.
Un alquimista,
un científico de afición.
Heme aquí, desquiciado
por la falta de una resolución
a un problema que, posiblemente,
tenga más de una interpretación.
Pero sigo tratando de medir el amor
con un diapasón,
y sentir esos base por altura/2
con el corazón…
Algo no cuadra
en mi gran decisión:
¿cambiar mi hipótesis
por una canción?
El Kamaleon Karmatico Kanta
¿Quién es él para demandar apagar mi luz,
si el Kamaleón del karma decidió que el lunes es azul?
Si es así, ¿qué debería hacer?
¿seguir el juego… o desobedecer?
Para esto se necesitan dos,
como en un tango… ¿o no, muchachos?
Anarquista siempre he sido,
contreras sin descaro,
un tipo desmedido,
un amante raro.
Desesperado a ratos, sí,
con sombras que no oculto,
pecador de cuarto oscuro,
estrella del cine adulto.
Pero buen karma he juntado por montones,
no todo han sido errores ni canciones,
pues bajo mis dominios y mis decisiones
ningún gato ha sufrido inaniciones.
Ante la muerte fría,
elevo una oración que no es vacía.
Y al pajarillo herido en el camino,
le doy abrigo… cual fiel amigo.
Así que si el Kamaleón del karma
pinta de azul mi lunes sin razón,
espero que haya leído la cartilla
y entienda el fondo de mi intención.
Que no reduzca a nada lo vivido,
que no lo llame simple o pasajero,
porque no todo acto es repetido…
ni haga ver mi amor como algo efímero.
El Kamaleón del karma decidió que el lunes es azul…
pero hoy,
encaro de frente
y enciendo mi luz.
El desdén de tus silencios.
Resguardando esa bomba atómica entre tus labios,
esa fuerza contenida de creación y destrucción cósmica.
Y tu silencio no nace de la ignorancia,
ni de la duda,
ni de la falta de valor para nombrar la verdad.
Callas porque conoces el precio.
Sabes que las palabras derriban imperios,
incendian hogares,
rompen juramentos,
destruyen amantes,
y asesinan para siempre a quienes somos dentro de la mente ajena.
Algunas verdades no llegan con una gran explosion.
Llegan desde esa sutil percepcion.
Por eso sostienes el mundo con silencios.
Con sonrisas medidas.
Con respuestas ambiguas.
Con migajas cuidadosamente repartidas para que nadie muera de hambre,
pero tampoco llegue a sentarse jamás a la mesa.
Mantienes la tensa calma.
Porque basta una sola frase para acabar con todo.
No una declaración grandiosa.
No una revelación divina.
Tan solo unas pocas palabras.
Las suficientes para derrumbar un castillo construido por años de espera.
Prefieres el peso de las cadenas
a la soledad que acompaña a la verdad.
Y así conservas un orden que ya te ha cansado.
No lo amas, es cierto.
Pero todavía temes perderlo.
Mientras tanto,
al otro lado del muro,
alguien sigue confundiendo tu silencio con esperanza.
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