
“Raíz que recuerda”.
No eres extraña, eres grieta por donde vuelve la memoria. Un eco antiguo te nombra desde adentro, aunque nadie te haya enseñado su lengua. Ardes con fuegos que no viste nacer, pero reconoces. Tus manos saben lo que tu mente aún traduce: el idioma del viento, la paciencia de la piedra, el pulso oculto de la luna respirando en tu sangre. Te llamaron demasiado porque no supieron decir sagrada. Te llamaron exceso porque no entendieron herencia. Pero tú recuerdas. Siempre recuerdas. Cada lágrima es portal, cada intuición, un hilo que te ata a lo que fue silenciado pero jamás vencido. No estás rota, estás abriéndote. Por eso duele, por eso desborda, por eso no encaja tu forma en moldes sin raíz. Eres agua que escucha, bosque que responde, chispa que insiste en medio de la ceniza. No viniste a explicarte, viniste a encender. A devolverle nombre a lo que olvidaron, a cantar lo que ardió sin desaparecer. No eres de este tiempo: eres el recuerdo de todos los tiempos volviendo a latir.
A todas las que fueron silenciadas, y a las que hoy vuelven a encender su voz.
Norma Beatriz Castillo.
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