Rendijas de luz

Rendijas de luz

Roberto

12/04/2026

14 Aplausos

0 Puntos

125 Lecturas

Sin saber cómo llegué aquí, veo a mi alrededor y mi desconcierto crece. Estoy en una habitación sin una forma geométrica definida; sin puertas ni ventanas, tan solo unas rendijas de piso a techo que filtran luz de diferentes intensidades, y tan estrechas que no cabe ni una mano a través de ellas: el frío y miedo me hacen tiritar.

No soy claustrofóbico, pero esto es desquiciante.

Me acerqué a una rendija para ver qué había del otro lado; Era otra habitación; un médico asistía un parto. Era mi madre. Cuando vi al recién nacido se me iluminó el rostro, ¡era yo mismo! De pronto, mi madre levantó la cara y me vio directo a los ojos; un escalofrío me sacudió. En ese momento me vino a la memoria la confesión que mi padre me hiciera cuando cumplí mis dieciocho años: tenía una hermana que nació el mismo año, mes, día y hora; de distinta madre. —Hecho que me ratificó mi hermana Silvia cuando la conocí—.

Mi madre nunca mencionó su existencia.

Confundido me asomé a otra rendija: Toda la familia de mi madre estaba ahí reunida, incluido yo. Las risas y las voces atropellándose al mismo tiempo me alegraron. Repasé a los asistentes y suspiré. Reparé en mis muertos; ahí estaban, vivos. Tal como mi recuerdo los tiene atrapados. Platicaban, y mi curiosidad por escuchar lo que decían quedó frustrada por el ruido. Me quedé buen rato pegado a esa rendija; el calor que emanaba la reunión amortiguaba el frío de la habitación. Deseaba que la fiesta fuera interminable.

Tan placenteros y entrañables recuerdos hicieron a un lado mi desconcierto; sin titubear pasé a echar un vistazo a otra rendija.

Había una mesa y sobre esta un periódico amarillento que mostraba una foto con militares vestidos de civiles golpeando con bastones de artes marciales a estudiantes. La imagen empezó a moverse y vi la brutalidad de los atacantes y cómo aventaban a los camiones grises los cuerpos inertes de los compañeros caídos; de pronto, me encontraba ahí; corrí junto con otros compañeros por una callejuela hasta resguardarme en el quicio de una puerta.

Inmóvil y sudando frío, escuché las detonaciones dirigidas hacia los refugiados en aquella calle. ¿Estaba ahí, o simplemente observaba desde la habitación?

Entre miedo e impotencia, empecé a temblar igual o más que en aquel fatídico día.

Me paralizó la idea de continuar viendo lo que las rendijas contenían. Huir de este sitió sería lo más razonable, pero la única alternativa que vislumbraba era encontrar la salida en aquellas rendijas. Así que me asomé a otra.

Resultó aún más inquietante que la anterior. Se veían edificios derrumbados; el caos reinaba. Reconocí la calle donde vivía mi hermana María Elena; la gente visiblemente desorientada. El aullar de sirenas de ambulancias, patrullas y bomberos ensordecía el ambiente; algunos lloraban. Ya no estaba observando; removía restos de materiales, muebles despedazados y objetos personales. Reconocí algunas pertenencias y el miedo me sacudió; me acercaba al sitio donde mis padres y mi hermana quedaron sepultados bajo toneladas de escombros.

Comprendí que seguía atrapado en aquella habitación y solo traje conmigo ese olor a yeso molido, tan ligado al pesado hedor a muerte de los últimos días de búsqueda.

Aunque en apariencia no había salido. —El pasado seguía ahí, presente—.

Me llevé las manos a la cabeza y me deslicé hasta el piso, recargado sobre mis rodillas; permanecí en esa posición sin noción del tiempo. Un vientecillo helado que se filtraba por una rendija muy estrecha me sacó de mi letargo. Era tan angosta que no me permitía ver con nitidez, y pegué mi ojo hasta aclarar la imagen borrosa.

Era una sala funeraria; vi a mis más cercanos con la seriedad propia de un velatorio. Al fondo se veía un féretro con la tapa abierta. Al no verme entre los asistentes, la incertidumbre me congeló por un momento. De repente, el ataúd quedó cerca de mí; respiré profundamente y volteé la cara para no reconocer al difunto.

Votación a partir del 01/05

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS