Ojos ámbar, cuerpo exuberante, porte elegante, gracia en los detalles. Sus labios rojos, su piel radiante y tan hermosa que incluso la aurora siente celos de ella.
Con cada paso que da, el verde follaje no puede evitar temblar y las aves se paran a admirar a aquel personaje, que arranca suspiros a quien la osa mirar.
Un día, los reyes del mundo quisieron su vida arrebatar, porque la poseían todos, pero nadie de ella se podía adueñar. Y pactaron con el mago más avaro y admirado como podían con ella acabar.
Luego de un tiempo, y cumplido el hechizo… yo, poco a poco, comencé a olvidar cómo era caminar. Caí en cama a causa de una rara enfermedad: primero mis pies, luego mis piernas, y ahora solo queda mi cabeza.
«Soy Arte, y solo queda mi boca, que lentamente desaparece portando estas palabras que se desvanecen…».
Cuánto cuento cuántico
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