la tierra de nadie

la tierra de nadie

pame

01/04/2026

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Aparezco en ésta ciudad polvorienta da anchas calles adoquinadas, con extrañas construcciones semiderruidas, construidas en adobe, donde los espacios amplios parecen no terminar de llenarse;  añosos  arboles,  que pueblan las veredas ,  escasa gente que deambula por ellas, demasiado verde , demasiado aire llenándome los pulmones, abriéndose paso a mis contaminados pulmones, la chaqueta de trevira un poco justa, los pantalones grises, anchos, con pinza en medio del muslos,  los  zapatos de un cuero brillante que reluce a cada paso . No recuerdo como vine , se me agolpan los sonidos de una impresora funcionando sin cesar, una chaqueta de lino muy bien planchazo de azul cobalto, los jeans Wrangler ajustados, con un vistoso cinturón de cuero  gris, una camisa  de algodón de finas líneas verticales, un aroma a : pimienta, incienso y cítricos que  se expele de mi, a cada movimiento . En una silla lejos , una cabellera muy rubia y corta de espaldas, me causa una sensación de excitación .

Camino por ésta desconocida calle antigua, de un pueblo sin nombre , en una tarde veraniega, el sudor poco va perlando mi frente, busco un lugar ,donde saciar la urgente sed que me inquieta y solo veo una antigua fuente, medio rota, desde la que se eleva en vertical ,un escuálido chorro , desconfío al principio, pero veo una fila de pequeños acercandose confiados a meter sin pudor la boca completa, para atrapar el chorro , las ropas anticuadas , intento hablar,  abro la boca cuando los niños pasan por mi lado como si no notaran mi presencia , como si no me viesen. Entonces me toco el brazo y no puedo sentir mi piel, me miro desde arriba, viendo los lustrosos zapatos , muevo las extremidades y las veo moverse, entonces intento tocar a alguien para preguntarle si me ve, lo que parece bastante ridículo, pero aun así, me detengo frente a un hombre sentado en la acera con un cigarrillo sin filtro colgando del labio, gruesas arrugas cruzan su piel curtida por el sol y un escaso cabello, que deja unas marcadas entradas a ambos lados de las sienes , los ojos parduzcos por las cataratas, las manos manchadas, resecas, de gruesas uñas sucias, la ropa holgada y roñosa de horribles tonos camel .Ni siquiera levanta los ojos cuando por fin una vocecilla se escapa de mi boca, como un susurro.

– Señor perdone Ud. ¿ que lugar es éste ?- el hombre entorna los ojos 

– La tierra de nadie – afirma con una convicción que me estremece 

– y¿ que ubicación tiene ésta tierra? susurro de nuevo – el hombre hace un gesto de fastidio

–  ¿como llego ud aqui, volando? – pregunta en tono irónico

– ¿Acaso he muerto? me pregunto, ¿que es ésto , una alucinación?¿estaré drogado?, camino por las callejuelas largas y anchas con el tufillo tenue de los arboles en flor, con la brisa inmaculada que me inunda la nariz , sin reconocer , ni reconocerme, intentando rememorar aquella oficina que me llega a fogonazos , con el aroma del café tostado de máquina, con la pantalla  frente al escritorio, con la silla ergonómica , no logro saber quien es ese hombre , ni su nombre , ni su puesto, busco con la mirada y por fin una barbería , necesito un espejo , entro  decidido a mirarme , pero retrocedo al  ver mi imagen , en ella  hay un anciano, de grandes ojos marrones , con un escaso cabello blanco , grandes orejas , y ancha nariz , me acerco algo más al espejo , lo roso para saber que esta ahí y sí es real,  frío  y enorme. Un hombre, con un delantal mas de carnicero que de barbero, me mira con expresión seria , de su garganta un vozarrón destemplado que me dobla las rodillas .

– ¿Lo atiendo? – pregunta  con una expresión desconfiada 

– eeeh dudo un segundo – y me siento en la silla de corte 

El hombre sonríe socarrón, mientras escudriño en mis bolsillos , hasta que encuentro una billetera maltrecha,con documentos extraños , en la tarjeta hay solo un holograma, en la otra un chip, sin un solo dato y varios ticket de colores distintos,  no hay billetes ni monedas , cuando lo veo acercarse con los implementos,me doy cuenta que no podré pagar el servicio 

– perdone , parece que olvidé la billetera, me disculpo,  pero cuando voy pararme , el hombre me sostiene del hombro pegandome a la silla 

– irá a su cuenta Sr Marques – un escalosfríos me cruza , el hombre me conoce , Intento aprovechar e comentario e hilar una charla , pero en un rápido movimiento me  enlaza una capa al  cuello , hidrata el cabello con un aspersor y comienza a cortar ,  tan concentrado que no me atrevo a interrumpir su labor .

– Sr marques , la mente en blanco , cierro los ojos y veo la oficina , la chica de la cabellera rubia , las máquinas sonando , cual será mi realidad, ¿quien es este hombre sentado frente al espejo en tierra de nadie? ,¿ como llegué, qué hago acá? . 

Salgo contando los adoquines , levantando polvo para ensuciar los inmaculados zapatos, golpeando el cuero firme , mirando con atención  los detalles. Me detengo en un muro abierto , una grieta enorme le cruza en diagonal , en automático abro la reja desvencijada, y la puerta con una llave oxidada en mi bolsillo, recorro el  largo pasillo en medio del patio un cuidado jardín;  rosas , jazmines , unos incipientes botones bermellón de gladiolo y una alta palmera como diosa en el centro.Varias puertas a lo largo. Voy despacio hasta detenerme en una puerta desteñida, la madera agrietada y abierta , la cerradura crujiente recibe la otra llave en un llavero de tres, con unas bridas coloridas , empujo despacio, allí está el escritorio, la rubia de espaldas, el sonido incesante de las maquinas , la chaqueta azul, el aroma  perfume  y cierro  cuidadosamente la puerta.  

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