Estoy harto. Han pasado varios días y sigo atrapado en ese puente. La escena regresa a mi cabeza una y otra vez. La veo en todas partes. Cuando cierro los ojos, en las paredes, en el sonido de la ciudad, en la voz de los demás, en el fondo de mi taza de café, en el rostro de las personas que caminan por la calle… Lo difícil es al caer la noche y tener que dormir. Las desgarradoras pesadillas me han impedido descansar.
¿De qué manera tendría que superar esto? Estoy hundido, enterrado hasta el fondo. No tengo fuerza para intentar cambiar de página. Mi cuerpo está tan cansado que le duele tener que seguir cargando con un corazón destrozado.
Tu ausencia es lo que me tiene roto. No me parece justo echarte la culpa, pero es la verdad. No estoy enojado contigo ni juzgo tu decisión. Solo tú sabes por qué lo hiciste. Esto se trata de mí, de la dependencia que nació en nosotros y que está pasando factura al creer que no saldré de esta si tú no estás aquí.
Esto no está bien. No he comido, no he dormido en días, la cafeína me hace temblar, los libros me dan asco, detesto la música, no recuerdo cómo luce el cielo, me arden los ojos de tanto llorar, el estómago me quema, el pecho me asfixia, el cerebro me está matando. Me he resignado a pudrirme en mi cama. Lo más lamentable es que nadie podrá venir a rescatarme. Cerré la puerta desde adentro y no recuerdo dónde están las llaves.
Me voy a morir. Lo haré junto a toda mi basura. Desconozco cuánto tiempo me queda. Veo borroso. La boca la tengo seca. Me siento débil.
Mientras escribo esto, me doy cuenta de que debo odiarme tanto al permitirme llegar a este estado. Lo que es raro, porque he pasado días peores y me he levantado. Me he sentido triste e he ido a trabajar. Me he aguantado las ganas de llorar y he reído. He estado muchas veces a punto de rendirme, pero he mirado el cielo y he sobrevivido. He vivido deprimido estos últimos años y sigo con vida.
Qué desperdicio. Qué decepción.
¿Por qué debería dejar ir mis sueños? Si muero, ¿quién volverá a abrazarme? ¿Dónde podré tomar una taza de café? ¿Cómo puedo correr hacia los brazos de mi papá si ya no existiré? ¿Y la música? ¿El cielo? ¿El frío? ¿Dejaré de bailar? ¿Quién se quedará con mi colección de libros? ¿Y mis plantas?
Estando aquí atrapado o muerto, ya lo perdí todo. Tal vez ahorita mis ojos se cierren y el corazón se me detenga o se me olvide cómo respirar.
Si eso sucede y alguien encontró esto y lo está leyendo, me gustaría dejar claro que yo no quería morir. Espero que no se estropee el concepto que tenían de mí.
Quemen estas palabras, no quiero que nadie sepa que me rendí.
No fui cobarde, fue miedo.
Cartas desde el polvo
OPINIONES Y COMENTARIOS