¿Cómo estas Doloritas?
Ayer en el murmullo del viento escuché que viene tu hijo Juan Preciado a Comala.
Hace tanto tiempo que no se de ti ni de él. Ojala no sea el vivo retrato de su padre. Lo recuerdo de niño, siempre callado y taciturno, con aquellos ojos hundidos. Como dos pepas de zamuro.
Tengo grabado en la memoria el día en que te fuiste del pueblo con tu muchacho en brazos. Yo bajé de la Media Luna para despedirme. Para ver como tu silueta se borraba entre la polvareda… y me dijiste “hasta pronto Begoña Balanzino, espero volver a verte en este o en el otro mundo”.
Al paso del tiempo desde que partiste le sobraron horas. Mis labores en los quehaceres de la hacienda eran imperceptibles… donde quitaba el polvo volvía a aparecer. Y mientras tanto yo satisfacía las exigencias esporádicas en la cama de Pedro. Hasta que el reloj de arena se detuvo cuando él se trajo consigo a casa a Susana San Juan…Justina estuvo encargada de su cuidado hasta que murió. Nunca me dejaban verla. Era como otro fantasma más, como la huésped invisible… Un buen día fui llamada a su habitación. No la reconocí. Parecía una hoja seca. La cara pálida, huesuda. Andaba como si no anduviera. Para ese entonces ya estaba como todos nosotros, como anima en pena…“Susana, ella es Begoña. Cuando yo no esté pídele a ella lo que necesites” dijo Justina
Jamás pensé que viviría para ver a Pedro así. Era imposible reconocerlo ante tanta devoción y sumisión con Susana. Con ella en casa ya no veía en los ojos de él los rastros de aquella maldad y odio que todavía laten clavados en mi cabeza, desde el día en que asesinó a mi padre Tomás para apoderarse de nuestras tierras… Pedro estaba empeñado en tener nuestra finca, Santa Bárbara, donde éramos felices entre árboles frutales. Donde teníamos una laguna cristalina y una cascada que cantaba todo el día. Con mi padre muerto mi madre Perpetua, de tanto sufrimiento y negándose a que Pedro la hiciera suya, se encaramó en lo alto de la cascada y se lanzó hacia las piedras para subir hasta los cielos… Desde ese entonces, sola y huérfana, él me llevó a trabajar a la hacienda Media Luna como apoyo para Damiana Cisneros…Maldito Pedro Páramo…
La muerte de Susana fue anunciada por una ola de calor sofocante, pero yo sentí un fresco que me subió entre las piernas y me entró hasta el alma…No por la difunta, sino porque la vida de Pedro se resquebrajó. El hombre se vino abajo, se derrumbó…Una vez lo había visto sufrir cuando murió su hijo Miguel. Fue para mi una alegría ver su tristeza.
Doloritas, me comentó Eduviges que está preparando una habitación para tu hijo Juan en la posada. Abundio es quien lo va a traer hasta el pueblo. Estamos todos pendientes de su llegada, y a la espera de tu pronta venida. Creo que ya es hora de que regreses.
Cartas desde el polvo
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