Wili:
Veintisiete años han pasado desde aquel primer encuentro. El tiempo transcurrió en un suspiro; fue el encargado de robarnos los sueños, las esperanzas y la fortaleza.
El rostro juvenil e ingenuo se ha desvanecido; las primeras líneas de expresión hacen eco de presencia y las canas inundan mi cabellera. Con elegancia y precisión, anuncian el cierre de una etapa. Para algunos, una etapa de tormentos.
Nuestro pueblo se encuentra igual: con casas en ruinas, calles sucias; el hambre y la miseria no faltan. A veces la esperanza se asoma por un par de segundos cuando recuerdo tu rostro. Te acostumbras a vivir en la miseria y la pobreza; tu alma solo se apaga. ¿Qué duele más: la falsa esperanza o el eco del silencio? No lo sé.
Tú perteneces al valle de los vivos: tienes color en tu piel y brillo en tus ojos. Yo solo estoy condenada a vivir entre la vida y la muerte, caminando en línea recta, sin tregua para el desvío. Las sombras no me abandonan; debo admitir que al principio les temía, ahora las respeto y las extraño.
Te extraño a ti; añoro ver tu rostro maduro como un preso desea su libertad. Solo queda el silencio, no hay nada que decir; ya sabes lo que yo nunca pude pronunciar. Tal vez me quedé en el pueblo porque mi alma no tenía vida y otros aires pesan; yo solo pertenecía a ese lugar.
Pero, ¿sabes algo? No me pesa. Acepté con dignidad mi destino y te dejé partir. Existen amores que no están destinados a consumarse; tu amor me sostuvo. No volveré a amar a alguien como te amé a ti, con cada centímetro de mi cuerpo, con un amor que emerge desde lo más profundo de mi ser.
Me queda el consuelo de observarte a la distancia, saber que estás bien. Cuando la tristeza está a punto de vencerme, evoco de nuevo tu rostro y puedo seguir. Tal vez algún día, cuando estemos cansados y viejos, la muerte tocará nuestra puerta; estaremos frente a frente de nuevo y te diré lo que antes no pude.
Solo me queda esperar, garabatear palabras sin sentido ni propósito alguno; por un par de minutos, vuelvo a estar libre del pueblo de las sombras.
Hasta entonces.
Cartas desde el polvo
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