Barcelona.
Llegué buscando una mujer que no conocía., la imaginé en los más bellos deseos de mis sueños, dándole vida en mi mente, y consideré que Barcelona era un buen lugar para encontrar a la mujer que mi espíritu deseaba.
Caminando por sus calles, vi sus elegantes edificios llenos de arte, aventuras, hermosas historia de amor y bellas mujeres con perfumes seductores traídos de París, con elegantes vestidos, sandalias de tacón alto, y un pelo suelto que parecía seda danzando en el aire al caminar…
Suspiré deseando ser un galán en una bella historia de amor, llevando de la mano a una bella mujer, y riendo con los amigos.
Recordé mi país… Me senté sobre el suelo junto a un francés que cantaba una melodía moderna para ganarse unas monedas.
Le dije que me sentaba junto a él, porque deseaba escuchar su música que me daba inspiración. Él se quitó su pequeño sombrero, me sonrió, y dijo : Bienvenido, solo sueña y déjate llevar.
Empecé a escribir.
Existía siendo un espejismo, donde el creador buscaba establecer el orden y la vida sobre el caos, y era un fantasma, que parecía un punto perdido, en un lugar desconocido. El diablo bajo un día, y extendió su fuego, era el trueno barriendo el campo, buscando acabar con el llanto, para que la risa llegase rápido sin dar oportunidad de saber el sabor del castigo y la justicia.
–Cuéntame, Martin, de la piel desnuda, que muestra aquella calle, de aquella mujer, que huyó buscando un mejor destino.
–Pedro Páramo, era enigma, no lo conocí, las calles del pueblo están llenas de piedras, de piedras rodantes, que fueron lágrimas, que quisieron quedarse sobre la Tierra.
Barcelona es la Feria de un Domingo por la mañana, donde no hay fantasmas, pero sus habitantes temen perder la ubicación en el paisaje que los hace sentir bien.
–Barcelona vive su caos, y está entre el infierno y el deseo de utopía que no ha llegado, pero pisando sobre la barbarie, la espera.
–Suerte.
–Vine a Barcelona, a buscar la realidad de un deseo. Ella no me ha visto, pero ya la he creado, y sobre el viento que no se ve, acordamos encontrarnos en un lugar cerca del infierno, pero donde llueve en primavera, y nacen flores en la acera.
Martin, ¿ por qué consideras que Páramo no fue feliz, si también los hombres malos cuando saben amar, pueden encontrar la felicidad ?
— A veces el diablo recibe cobijo, sin haberlo llamado. Páramo, fue abonando. Pero su doncella lo amaba.
Varias veces me senté junto a mi amigo el francés para escribir, y un día habiéndome quedado dormido, desperté mientras una bella mujer me movía.
Conciente, pregunté por el Francés, me dijo que se había marchando, que se llamaba Pedro, y ella era Ágata.
Contemplé la gran belleza de aquella mujer, frente a mí, y supe que había encontrado a la mujer de mis sueños.
Ella volvió a decir su nombre.
–Me llamo Ágata, Ágata Páramo.
Cartas desde el polvo
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