No vuelvas.

No vuelvas.

Bernardo Parisi

10/03/2026

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De Amadeo Beltrán a Doña Sara Valerio.

Para que lo lea ella.

Madre,

me juré no volver a escribirle. Pero tenía razón: cuanto más lejos estoy de Comala, más invade mi cabeza.

El mundo no es tan bueno aquí afuera. La última revuelta dejó cicatrices profundas en mi cara. Aunque las llevo con orgullo, la gente parece ver en lo oscuro de los surcos señales de peligro.

Pese a eso, y a la detallada descripción que guardan sus notas sobre Comala, en mi mente nuevos recuerdos se enredan como la hiedra.

Hay noches en que sueño con una claridad que me asusta. Siento el olor de la saponaria entrando por la ventana con el aire fresco de la mañana y vuelvo a ver el puerto y las llanuras verdes que muerden las montañas al fondo del paisaje.

Esos días despierto desorientado, en un lugar donde no pertenezco y la idea de volver parece buena. Deseo quemar sus notas.

Hay otros días en que despierto temblando y empapado en sudor, no logro recordar lo que sueño. Esos días no salgo de casa.

Prefiero releer sus notas. Ayer abrí una de las primeras.

Nota 3:

El viento caliente levanta el polvo de los campos abandonados y ya casi no nos deja respirar. La muerte de Pedro Páramo, aunque a todos nos dibujó una sonrisa en la cara, nos dejó la garganta seca y los sueños estériles.

El pasto que en tu imaginación se vuelve cada día más verde aquí ya es pura tierra seca. De los animales sólo quedan los huesos. De la alegría ya no nos quedan ni los dientes para sonreír.

No vuelvas.

Todas sus notas llevan ese mismo final: No vuelvas.

Tal vez tu muerte y la de Comala también fue la mía.

En casa dejo entrar a los ratones para tener quien me espere.

Por la grieta del techo entra humedad, poco a poco va avanzando.

En mi cabeza una grieta crece con la misma velocidad.

Cuando la humedad y los hongos cubran por completo el techo ya poco quedará de mí.

Nota 13:

Lo que Pedro Páramo no pudo robarnos:

Los abrazos tempraneros bajo el umbral de la puerta.

El olor del jazmín rebelde que florece en el patio.

El silencio tibio de las siestas.

Los chismes.

El cielo estrellado.

Los cantos reverberando en el fondo del tinglado.

El mezcalito a la vuelta del rancho.

Tu vida.

No vuelvas.

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