Estimado desconocido:
Te escribo esta misiva desde mi ex querido Pueblo de Comala, por si tú aún estás a tiempo.
En ocasiones pienso que no es justo que tengamos solo una vida, una sola opción. Deberíamos tener al menos dos, para no quedarnos con la espinita de lo que pudo haber sido y no fue.
En esta que me tocó vivir, ahora con esta vejez prematura que se me ha montado en la chepa, pienso que tendría que haberme marchado de aquí hace años. No he tenido mala vida. Nunca me faltó comida, bebida o ropa. Ni un techo para dormir. Nunca tuve grandes comodidades, pero las suficientes para un espíritu poco exigente como el mío. Me sobraron ratos, me faltaron ganas, me sobró apatía, y me quedó dibujada esta vida. La que tuve, la que tengo.
Comala me produce sentimientos encontrados. Recuerdos de una infancia feliz donde los niños jugábamos con la tierra, con piedras, con juguetes inventados . Sin prisas, sin miedos, y con muchas risas. Una adolescencia tardía, ya que en el pueblo estirábamos mucho la niñez, posiblemente porque fuera la mejor parte.
Cuando éramos jóvenes, mi hermano y mi mejor amigo, Pedro, emigraron a la ciudad. Decían que allí habría más posibilidades, mejores trabajos, hipermercados, cines, teatros…. Había tanta pasión en sus relatos que a punto estuve de irme con ellos. Cada día casi me iba y cada noche me quedaba.
Antes de dormir me visitaban mis fantasmas. Llamaban a mi puerta y yo les dejaba entrar sin rechistar, nunca me ha gustado discutir. Hacían turnos para no cansarse ni cansarme. Algunas noches venía el fantasma de mi hermana, la melliza, a la que se llevó una neumonía con 10 años. Y me recordaba como nos aguantábamos la risa cuando mi madre nos tiraba la zapatilla después de alguna trastada y con qué habilidad la esquivábamos. Otras noches llegaban otros, sin rostro ,y me susurraban al oído sobre los peligros que albergaban las grandes ciudades: el tráfico, el ruido infernal, caras desconocidas. Nada se podría comparar a mi pueblo ¿pero que se te habrá perdido a ti en la ciudad? ¡Aquí está tu hogar! me gritaban Pues también es verdad, pensaba yo para mis adentros, y entonces me dormía con la tranquilidad que da la certeza.
Con los años esa certeza se fue desdibujando. Algunos murieron, otros se fueron marchando, incluida la Juani, con con quien imaginé una vida juntos. Pero ella decía que se asfixiaba aquí, con la de campo que hay. No la entendía . Otros, los de las visitas nocturnas, nos quedamos.
Ahora ya me parece tarde para casi todo, me pilla cansado. Los fantasmas dejaron de visitarme hace tiempo. También ellos necesitarán descansar de tanta visita de ida y vuelta Ahora soy yo quien me quito el sueño, porque no puedo dejar de pensar: Y si me hubiera marchado con mi hermano y con Pedro a la ciudad. Y si la Juani se hubiera quedado conmigo, o yo con ella. Y si….
Cartas desde el polvo
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